Claude Debussy, el hombre que creó el sonido de la modernidad

El primero de los impresionistas musicales, autor de la popular pieza «Claro de luna», nació hace hoy 151 años en Saint Germain en Layes, una villa histórica situada a pocos kilómetros de París

Claude Debussy, «Clair de lune»

Redacción

A Claude Debussy se le consideró el «creador de la música nueva» en la carta de pésame que el compositor español Manuel de Falla envió a su esposa tras la muerte del músico francés en 1918. La definición fue la más precisa que se le dedicó al compositor, que desarrolló una forma totalmente nueva de entender el lenguaje musical, a través de un sonido revolucionario, una huella que acabaría impregnando la historia del arte sonoro en los siglos XIX y XX.

Los inicios de Claude Debussy no fueron, sin embargo, fáciles. Fue el primogénito en una familia de cinco hermanos nacidos en un hogar humilde. Su madre le enseñó a leer, escribir y contar, y no tuvo la oportunidad de acudir a la escuela. Su padre era un comerciante que tenía todas sus esperanzas puestas en que su hijo fuese marino. El descubrimiento del universo musical, que cambiaría por completo su vida, se debió a su padrino, Achille Arosa, banquero y coleccionista de arte, que le permitió comenzar a recibir clases con solo seis años.

Claude Debussy ya tocaba el piano tan bien a los diez años que fue admitido al primer intento en el Conservatorio de París. Le bastaron un par de años para hacerse con un puñado de distinguidas medallas que reconocían su mérito con este instrumento, pero nunca llegó a conseguir ningún premio a las teclas. Claude Debussy decidió entonces centrarse en su futuro como compositor. La primera obra documentada escrita por el francés -Madrid-data de la primavera de 1897, cuando contaba con tan solo 16 años. Le sigue su debut en obras extensas, el popular Trío para piano en sol mayor, escrita tres años más tarde, en 1880.

El de Claude Debussy era un talento natural. Tras terminar sus estudios, se alzó con el Premio de Roma, que en aquella época era la principal distinción para un compositor francés, por la cantata L'enfant prodigue. Sin embargo, en 1887 abandonó su estancia en la Villa Medici romana, que formaba parte del premio, pues se oponía a las estrictas normas académicas. Durante su estancia en el extranjero, Claude Debussy compuso el poema lírico La demoiselle élue, obra que la academia calificó de poco clásica.

A los 17 años, Claude Debussy -autor de la concida pieza Claro de luna- regresó a París, donde comenzó a trabajar como acompañante al piano de las clases de canto de una millonaria rusa. El contacto con la viuda Nadezhda von Meck acercó al compositor al universo musical del entonces país de los zares, familiarizándose con las obras de Chaikovski, Rimski-Kórsakov y Borodín, y le permitió viajar a Florencia, Venecia, Viena y Moscú. Su estancia en la capital francesa le puso en contacto, además, con los pintores impresionistas y algunos poetas de la época, como Verlaine y Mallarmé.

Olivier Messiaen, Igor Stravinski o Béla Bartók fueron algunos de grandes inspiradores del mundo sonoro de Claude Debussy, pero también compositores contemporáneos como Pierre Boulez, a quien le fascinaba «la calidad formal de esta música que evoluciona continuamente, sin dar marcha atrás».Preludio a la siesta de un fauno, su primera obra significativa basada en un poema del escritor simbolista Stéphane Mallarmé, emerge de esta época de influencias estéticas, noctámbula, limitada económicamente y sobrepasada de problemas personales. De 1892 a 1894 datan las creaciones más reveladoras de Claude Debussy, todas para orquesta.

El acercamiento a los poetas simbolistas dio a Claude Debussy el empujón necesario para emprender un innovador camino sonoro -tanto en la forma como en la estructura, la armonía o el timbre-, un recorrido empapado de referencias visuales, similar al que por entonces seguían pintores impresionistas como Monet o Renoir. Sin embargo, Claude Debussy siempre rechazó el término impresionista para calificar su obra. El compositor se consideraba a sí mismo realista, capaz de crear «otra realidad» distinta, un lugar sembrado de referencias a la naturaleza y a las emociones. A pesar de todo, de su férrea oposición al encasillamiento impresionista, lo cierto es que la madurez musical del compositor francés fue la gran precursora de la música moderna que llegó después. Claude Debussy fue el primero en utilizar la escala tonal completa con éxito y revistió los acordes con un revolucionario tratamiento colorista y efectista. Impregnó así el sonido de una niebla de ensoñación, una atmósfera vaga y fantástica que lo liberaba de las correas formales y las limitaciones armónicas.

Claude Debussy fue un rebelde. Se apoyó en la tradición clásico-romántica para buscar alternativas armónicas y formales, buceando en la música de círculos culturales no europeos. En este sentido, la Exposición Universal de París en 1889 tuvo una influencia decisiva en el visionario compositor, puente para descubrir la música rusa, japonesa y árabe. Incorporar todas estas alternativas en sus sucesivas composiciones se tradujo en imágenes sonoras esféricas y flotantes, que lo convirtieron en uno de los principales representantes del impresionismo, especialmente con sus obras tempranas. Uno de los más bellos ejemplos de este impresionismo musical es su composición para piano Pagodas, incluida en sus Estampas.

Mientras que la ópera Peleas y Melisande está aún marcada por sonidos difuminados y ondulados, la obra más tardía de Claude Debussy refleja el interés del artista por el barroco francés. Sus Juegos y Estudios son más claros y sencillos armónicamente, pero más complejos en su estructura.

Fue la ópera Peleas y Melisande (1902), basada en la obra teatral del poeta belga Maurice de Maeterlinck, sin embargo, la que le dio a Claude Debussy el reconocimiento como músico de prestigio. A partir de entonces, el francés compuso casi de forma exclusiva obras para piano - como L'île joyeuse (1904), Imágenes (dos series, 1905 y 1907) o varios preludios- para centrarse en los últimos años de su vida en la música de cámara -sonatas para violín y piano, violonchelo y piano, flauta, viola y arpa-.

Claude Debussy ejerció además ocasionalmente como crítico musical en algunas publicaciones francesas de principios del siglo XX. El apasionado compositor cargó durante toda su vida con fobias que le hacían aborrecer, entre otras cosas, la música alemana, obsesiones que, en el polo opuesto, le empujaban a adorar hasta el extremo las influencias de la antigüedad y alabar el folclore y la música oriental. Así, sin que fuese directamente su intención, Claude Debussy, eterno rebelde, cambió la dirección musical de la época que le tocó vivir, rompió las relaciones entre acordes y empezó a guiar la composición por los matices expresivos, el color y el sonido, marcando un antes y un después en la historia de la música europea. Murió el 25 de marzo de 1918 a causa de una enfermedad pulmonar.

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