Carlos del Amor: «Brad Pitt y Bardem son los tipos más sencillos que me he encontrado»

Su forma de mirar la información lo ha hecho uno de los periodistas más populares de la televisión minoritaria. En minuto y medio es capaz de meter al espectador en un cuadro o sacudir la alfombra roja de un festival de cine. Habla maravillas de Penélope Cruz y de los actores grandes con los que uno se puede tomar unas cañas. Y es que él, asegura, necesita «sentir la noticia» para contarla con admiración


La Voz

Es uno de los periodistas más populares de televisión porque su mirada nunca deja indiferente. Carlos del Amor (Murcia, 1974) ha conjugado en su manera de hacer información y sentimiento y ha dado con una de las claves del periodismo que viene: tamizar la noticia con el yo por delante para elevar los detalles que verdaderamente importan. Desde La 2, ese pequeño espacio, se ha ganado a la mayoría que lo ha arropado también ahora que acaba de escribir su primer libro, La vida a veces, que ya va por su tercera edición. En A Coruña tiene guardado el final de ese verso enigmático de Gil de Biedma que le ha puesto por título al libro. Se llama Ruth, y como él, es periodista.

-¿Viene más ahora a Galicia?

-Digamos que vengo con frecuencia. Conozco bien A Coruña y los alrededores porque mi chica es de aquí. Y aunque vivimos en Madrid, venimos de vez en cuando a ver a su familia.

-¿Tuvo siempre en mente ese verso como título del libro?

-No. De hecho tenía otro título, Fuera de cobertura, pero luego dándole vueltas me sonaba mucho a teléfono móvil, a tecnológico. Y no quería que diera esa idea. Y me topé con el poema de Gil de Biedma y me pareció un título redondo porque la gente lo puede completar.

-La vida a veces es...

-Estupenda, sorprendente, triste, alegre...

-También sugiere la idea de dejarse llevar. ¿Es usted de que la vida lo vaya arrastrando o más controlador?

-Yo prefiero que me lleve. Pero tal y como estamos hoy en día es necesario ir planificando algo, porque el estado actual de la sociedad te obliga. Ya no puedes vivir al libre albedrío, porque cuando miras a izquierda o derecha, arriba o abajo, ves que se está cayendo el suelo bajo los pies y entonces necesitas tener una barandilla a la que agarrarte. No se puede improvisar tanto. Es todo una montaña rusa. Cada vez tienes que mirar más.

-Y usted mira allí donde otros no ven.

-Yo estudié documentación antes que periodismo. Y la documentación, ahora con perspectiva, sí me ha ayudado a buscar y a leer la letra pequeña de las cosas. Esa es mi manera de enfocar mi trabajo en la tele, pero también el libro: fijarse en detalles que a otros se les pasan más desapercibidos. O que ven normales y a mí llaman mucho la atención: un cuadro, una mirada, un gesto, un mensaje... Eso enciende una historia. Y he tenido la suerte de contarlas en un medio que me ha dejado hacerlo como me ha dado la gana, con un altavoz enorme que es la televisión pública. Y me ha llamado la editorial...

-¿Se considera un afortunado o le ha costado llegar ahí?

-Sí. Me considero afortunado, y sobre todo mirando cómo está el patio.

-¿Y con la que está cayendo no cree que su generación debería ya tomar el mando? ¿Somos un poco «cagaos»?

-Lo que pasa es que esta generación no hemos tenido que luchar como la anterior. Nosotros hemos vivido en democracia y teniendo muchas más cosas a nuestro alcance. Por eso ahora estamos perdidos. Pero creo que últimamente sí hemos despertado. Ya no estamos viéndolas venir. Quizás es que nos hemos sentido jóvenes siempre. Es verdad que los 40 de ahora no son los de hace 30 años. Y antes con nuestra edad ya estaba todo hecho en la vida. Y ahora no. Yo tengo amigos que con 45 años se han quedado en paro y tienen que reinventarse. Pero ahora es que hay que pedalear constantemente, no puedes siquiera dejar que la bici ruede sola de vez en cuando. Hay que estar subiendo un puerto, otro y otro, y eso agota.

-¿Lo ha sentido así en su profesión, tan en crisis?

-Yo siento la crisis del periodismo. Es verdad. Todos los compañeros te cuentan lo mal que está su periódico, su radio, su tele, su tele local... Porque también con los medios ha pasado como con el ladrillo. De repente todo el mundo a construir, a construir, y a tener una tele como un juguete. Y al final los que sufren son los mismos. Luego, es cierto, los periodistas tenemos que reinventarnos...

-Su enganche con la audiencia va por ahí. Contar la noticia desde la subjetividad. ¿Ha encontrado el camino del éxito?

-No, yo no soy consciente. No me sale de otra manera. Yo llego a cubrir una exposición de arte e inmediatamente empiezo a pensar cómo me gustaría que me lo contaran para despertar la misma admiración que me está provocando a mí. Y utilizo todas las herramientas que me permite el lenguaje audiovisual para contarlo. Eso es lo que intento en un minuto y medio. Si vas a ver una exposición y el cuadro es tan realista que parece que te puedes meter en él, pues métete en él. Porque para eso hay trucos. Lo que no puede pasar es que la información pase a tu lado y no la sientas.

-¡Uf! ¡Profana usted la base del periodismo!

-[Risas]. Lo que pasa es que yo creo que sí se puede mezclar ambos conceptos. Lo importante es no mentir, ser honesto. Siempre somos subjetivos, desde el momento en que eliges algo que contar.

-¿Y cómo se cuenta a Brad Pitt? ¿Sin palabras?

-[Risas]. Yo no soy nada mitómano ni impresionable por esas cosas. Forman parte del márketing de esa industria para transmitir esa magia del cine y crear ídolos. Muchos actores, los más grandes, son los más normales. Quizá son peores los de nueva hornada que hacen un capítulo de una serie. Pero Brad Pitt o Javier Bardem son encantadores. Nada impostados. De andar por casa, son los tíos más sencillos que me he cruzado. Con los que da gusto tomarse una caña -Usted dio la exclusiva de que Penélope Cruz estaba embarazada.

-Yo en realidad confirmé que no venía a los Goya y, claro, era por eso. En el mundo en que vivimos esa fue la noticia, pero en realidad a mí me daba igual. Penélope es una chica encantadora, pura sencillez. Yo la veo como una chica normal y corriente, un pedazo de actriz que cuando se apaga el micro es una tía estupenda.

-¿Desde La 2 uno se fija en las audiencias?

-Las miro, pero no me obsesiono. Yo lo veo como una carrera de largo recorrido. Una apuesta necesaria para una televisión pública. Es diferente en las privadas, que tienen que rendir cuentas a la junta de accionistas. Nosotros tenemos que rendir cuentas a la gente y no traicionar el espíritu de servicio público. Cada uno tiene su papel. Pero si la gente demandara cultura en prime time, pues en lugar de un tío saltando de la piscina pondrían un programa de cuadros, de museos... Pero el tema es que la gente no demanda eso.

-¿Y a usted le gusta lanzarse a la piscina, aunque lo tachen de cursi?

-Trabajando prefiero arriesgar siempre. Prefiero equivocarme por tirarme que quedarme corto. Yo nunca he cortado y pegado teletipos. Hay días que te equivocas y otros que no. Pero digamos que lo he soportado. Prefiero el riesgo a la mesura extrema de no mojarte. Si no, somos todos iguales. No busco la diferencia, busco mi sitio.

-¿Lee la prensa en papel?

-En realidad busco lo que a mí me interesa básicamente por Internet y las redes. Lo que no puede ser es que a las diez de la mañana te hayas enterado de una noticia por una red social y hayas leído algo en un digital y mañana salga en un periódico impreso exactamente lo mismo. Eso está leído. Los periódicos tienen que acercarse de otra manera a ese tema. Ofrecerle algo, una reflexión, un titular... No lo efímero de un tuit o de un párrafo en Internet. Toca hacer autocrítica y ofrecer un producto diferente.

-Su libro es como abrir un desván. ¿Quería la emoción directa?

-La materia prima es la vida. Y bueno, sí, son detalles que al final están siempre llenos de emociones. Son 25 historias que parten de un detalle real, de un hecho que he visto, me han contado o me he encontrado a lo largo de mi carrera. A partir de ahí abro el plano y lo ficciono. Pero yo pienso que a la gente le ha gustado porque se ve identificada.

-¿Algún crítico le ha dicho algo?

-A nivel purista no. Pero para mí en realidad no hay nadie más purista que el público. El que paga el libro es el público. Es el que se tiene que sentir reconfortado. Cuando te expones públicamente esperas reacciones encontradas, siempre tienes filias y fobias. Pero el libro no me lo han vapuleado y está funcionando bien.

-¿Y a quién le gustaría parecerse?

-Lo que me gustaría hacer de mayor es periodismo cercano a la literatura. El relato de un náufrago... Admiro a Tom Wolfe y las crónicas de Capote. Ofrecer algo diferente, si no, seríamos meros ordenadores.

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