Alfonso Andrade | Redacción / La Voz

George Pell, cardenal de Sídney y uno de los electores que buscan al sucesor de Pedro, se encerró en la Capilla Sixtina después de dejar este recadito: «Hace falta una profunda reforma de toda la curia y del Vaticano mismo». Walter Kasper, también en el cónclave: «La reforma de la curia es una prioridad». Cada vez lo creen con firmeza más purpurados. En realidad, la reinvención de los órganos de gobierno de la Iglesia es un viejo anhelo de los pontífices. Juan Pablo II lo intentó sin éxito en los ochenta y Benedicto XVI lamentó no haberla hecho. Para el nuevo Pescador será casi una obligación en una dura faena que incluirá además la revisión del Colegio Cardenalicio, encauzar la lucha contra la pederastia o abordar la apertura dogmática. Pero ¿cómo hacer realidad estos retos?

La reforma de la curia

Diseminar los dicasterios por el mundo. El Vaticano es la capital de la Iglesia católica porque allí radica el entramado de congregaciones, consejos pontificios y tribunales que forman la poderosa curia. Diseminar ese conglomerado administrativo por el mundo es el principal objetivo de quienes defienden la reforma. Así se suavizaría y repartiría el poder omnímodo de Roma y su influencia en las decisiones del pontífice. «La Iglesia es colegial, del pueblo. No hay un motivo doctrinal que impida la descentralización, entre comillas», apunta Mario Vázquez Carballo, vicario episcopal de Enseñanza y delegado de Pastoral Universitaria del Obispado de Lugo. Esta reforma sería para la Iglesia, en su opinión, «una nueva manera de situarse en el mundo», con la videoconferencia y las redes sociales como herramientas de trabajo. La curia debe superar su hipertrofia y adoptar la forma de gobierno de cualquier democracia, pero ¿quién acometería la reforma? Para José María Arnaiz, exsecretario general de la Unión de Superiores Generales, «ni la curia ni el papa, sino un concilio o un sínodo especial».

Nuevo mapa de la Iglesia

De Brasil a China. Diseminar los dicasterios abre un segundo debate: ¿por dónde? Los expertos sostienen que los países con mayor número de fieles deberían tomar protagonismo en la nueva curia. Brasil supera los 100 millones de católicos y EE.UU., los 80 millones, cifras con las que ni sueñan los europeos. «La palabra pontífice viene de puente, y este debería tenderse hacia países como Brasil o México, pero también hacia la dura realidad de China, donde los católicos están perseguidos», argumenta Vázquez Carballo. Sao Paulo podría ser una sede en ese nuevo mapa de la Iglesia, en el que no parece casual la elección de un pontífice argentino.

Lucha contra la pederastia

La denuncia como solución. La Iglesia parte de la base de que hay cierta hipocresía con los casos de pederastia en su seno. Entiende que esos casos hacen más ruido que los demás por el ejemplo de conducta que debe ser un sacerdote, pero que se trata de un problema de toda la sociedad, «y también de la Iglesia como parte de ella», argumenta Mario Vázquez. Hecho ese matiz, «la denuncia ante las autoridades es la única solución, se trate o no de un miembro de la Iglesia. Jamás hay que ocultarlo». En ese sentido, el cardenal O'Malley pide «un protocolo de actuación» para las denuncias que permita acabar con «la improvisación y con los errores».

Aperturismo

Del matrimonio de los sacerdotes al papel de la mujer. Numerosas voces sostienen que la Iglesia debe repensar sus postulados. «Permitir o matrimonio dos curas é reducir a distancia abismal que hai hoxe entre clerecía e laicado», sentencia el sacerdote Vitorino Pérez, que optó en su día por la fórmula del matrimonio, lo que le impide ejercer oficialmente. «Estivo case feito con Pablo VI, pero impúxose finalmente a curia», lamenta. En cuanto al papel de la mujer, considera que hay que buscar la identidad democrática que tienen «hoxe as institucións de todo o mundo», y que por eso es «imprescindible que a muller poda dicir misa e decidir no goberno da Igrexa». ¿Y qué se necesita para que eso suceda? «Simplemente, que a Igrexa queira».

Ecumenismo

Unidad cristiana frente a las sectas emergentes. Otro de los grandes frentes para el nuevo papa será restaurar la unidad entre todas las iglesias cristianas frente a un enemigo cada vez más poderoso, especialmente en América: las sectas. «Son pocas las cosas que nos separan a los cristianos y, en cambio, es enorme el daño que las sectas están haciendo a la Iglesia, sobre todo mediante la manipulación de los pobres en países como Brasil o Venezuela», alerta Vázquez Carballo.

Colegio cardenalicio

La hora de los laicos. Si el cardenalato no pertenece al orden sacramental, no existe razón alguna para limitarlo a los clérigos. Para muchos teóricos, debería estar abierto a hombres y mujeres de alta capacitación, sean clérigos, religiosos o laicos. La entrada de laicos democratizaría además la propia elección del papa, endógena y ceñida en gran medida a la curia.

Finanzas vaticanas

Transparencia. La primera tarea parece clara: conseguir que el Banco Vaticano entre en la lista blanca de países que respetan las normas internacionales contra el lavado de dinero.

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Jorge Mario Bergoglio: La dura faena del Pescador