Cónclaves modernos: cuando los cardenales morían al pie de la Capilla Sixtina

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El número de electores se ha doblado en el último siglo y se han introducido normas como el plazo de 15 días para llegar a Roma

13 mar 2013 . Actualizado a las 02:22 h.

No hace falta remontarse a 1268, cuando comenzó el cónclave que tres años después elegiría a Gregorio X, no sin que antes los habitantes de Viterbo arrancaran el techo del edificio donde se alojaban los cardenales y les dieran sólo pan y agua para comer. En la época moderna también ha habido elecciones papales largas, tensas y dramáticas. Por ejemplo, en 1740 para la de Benedicto XIV: duró del 18 de febrero al 17 de agosto, 181 días; los electores eran 51 y cuatro murieron durante el cónclave. También fallecieron dos cardenales en 1774 con ocasión de la elección de Pío VI, que se prolongó durante 133 días.

El último cónclave fuera de Roma tuvo lugar en Venecia en 1799, ya que la Ciudad Eterna estaba ocupada por las tropas napoleónicas, y tuvieron que pasar 105 días. El fruto de la iluminación del Espíritu Santo fue Pío VII. Gregorio XVI fue el último cardenal no obispo que se convirtió en papa. Su elección duró 51 días, a caballo entre 1830 y 1831, y los prelados con derecho a voto fueron 45. La Constitución Apostólica precisa que cualquier varón bautizado puede ser papa, y, en caso de no ser obispo, se le nombra inmediatamente.

Los cónclaves cortos empiezan en 1846: Pío IX se decidió en 3 días, y León XIII (1878) en otros tres. En el caso de este último, el cardenal John McCloskey, arzobispo de Nueva York, era primer prelado no europeo que tendría que haber participado en un cónclave, pero llegó demasiado tarde a Roma.