Óscar Maradiaga, el carismático pero controvertido cardenal hondureño

Políglota, carismático, con buen estado de salud, amante de la música (saxofonista, pianista y guitarrista) y piloto de aviación. Preside Cáritas Internacional y en el anterior cónclave quedó en tercera posición


Óscar Maradiaga figura a sus 70 años por tercera vez como papable. El polifacético cardenal hondureño catapultó su prestigio en la lucha social contra la deuda externa, pero que fue arrastrado por la división abierta en su país por el golpe de Estado del 2009.

El carismático arzobispo de Tegucigalpa, cuyo nombre suena con insistencia entre los candidatos favoritos para sustituir a Benedicto XVI tras su renuncia, no se define ni de izquierdas, ni de derechas. En febrero, ante la prensa, criticó al marxismo por suprimir el individualismo y al «capitalismo salvaje» por «exagerar el individualismo».

Jerarca de la Iglesia católica del país considerado el más violento del mundo a causa del narcotráfico, Óscar Maradiaga ha hecho vehementes llamadas en favor de «construir» una nación «mejor»: «Nuestra Honduras ha sido un valle de lágrimas, ante tanta violencia y tanta muerte. Todos somos hijos del mismo padre», indicó recientemente.

Quien siempre fue respetado y admirado por todos, vio deteriorada su imagen tras el derrocamiento de Manuel Zelaya por una alianza de políticos, empresarios, militares y otros grupos conservadores, que criticaban al presidente de Honduras su acercamiento al mandatario venezolano Hugo Chávez y lo acusaban de querer perpetuarse en el poder.

Óscar Maradiaga se convirtió en blanco de críticas después de que en plena crisis política, provocada por la fuerte presión internacional por el restablecimiento de Zelaya -enviado al exilio en el golpe-, le pidió que no regresase porque «podría desatar un baño de sangre». De fácil sonrisa, Óscar Maradiaga ha perdido la compostura ante los zelayistas, quienes en sus marchas llevaban en burla a un personaje con sotana, le dedicaban graffitis con insultos y en una ocasión, en una visita a un barrio marginal, le lanzaron huevos, piedras y bolsas de basura, gritándole «golpista». El religioso, que dice ser víctima del odio y la división en su país, llegó a denunciar públicamente que recibió amenazas de muerte después de, según sus palabras, tomar «una posición en defensa de la democracia». Desconocidos dispararon contra su oficina, en el centro de la capital, aunque él estaba fuera del país.

Brillante carrera

Políglota (habla español, inglés, francés, italiano, alemán, portugués, latín y griego), amante de la música (saxofonista, pianista y guitarrista) y piloto de aviación, Rodríguez Maradiaga nació el 29 de diciembre de 1942 en Tegucigalpa, en el seno de una familia de clase media. Cuando era niño «deseaba ser piloto y con toda mi alma aprendí a volar aviones. Y, al hacerlo, me acercaba más a Dios», contó a la prensa el cardenal, que relató que a los 14 años pilotaba una avioneta Cessna, sin permiso de sus padres ni licencia por ser menor de edad.

Cursó primaria y secundaria con los salesianos y en 1960 se graduó de maestro. Ingresó Maradiaga a la Congregación Salesiana de Don Bosco en 1961 y al Seminario Mayor de Tegucigalpa, donde estudió teología, filosofía y música. Vistió por primera vez la sotana de sacerdote en 1970 a los 28 años en Guatemala, donde inició su vertiginosa carrera al asumir en 1975 como decano de la Facultad de Teología de la Universidad Francisco Marroquín.

En 1981 regresó a Honduras y ejerció tres años como obispo de la Diócesis de Santa Rosa de Copán, región del oeste donde entonces se refugiaban miles de salvadoreños que huían de la guerra civil en su país, la mayoría de los cuales eran la base social de la guerrilla. Se convirtió en su guía espiritual, y alzó su voz contra la represión de las autoridades contra los refugiados y el uso que hizo Estados Unidos del territorio hondureño en su lucha por sacar a los sandinistas (izquierda) del poder en Nicaragua.

En 1993, Maradiaga fue nombrado arzobispo de Tegucigalpa. De 1996 y 1998 fue presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), desde donde lideró la campaña «Globalización de la solidaridad», para que se condonara la deuda a los países pobres. Sus gestiones ante los organismos financieros internacionales y países acreedores fructificaron con la Iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudado (HIPC, siglas en inglés), al lograr una condonación del 60 % de la deuda externa para esas naciones. En febrero del 2001, Juan Pablo II lo ungió como cardenal en reconocimiento de su trayectoria en favor de los pobres y en junio del 2007 Benedicto XVI le nombró presidente de Cáritas International, cargo que aún ocupa.

Tras la muerte de Juan Pablo II en el 2005, Óscar Maradiaga figuró entre los candidatos para su reemplazarlo. Ahora, tras la renuncia de Benedicto XVI, su nombre vuelve a sonar entre los favoritos. A su edad, se mantiene en excelente condición. Su deporte favorito es la natación y camina una hora todos los días.

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