El nuevo papa: Pugna de «romanos» y «extranjeros»

La profunda división entre los purpurados tensionó y condicionó el precónclave

Los cardenales Di Nardo, Wuerl, Levada y George acceden al precónclave.
Los cardenales Di Nardo, Wuerl, Levada y George acceden al precónclave.

redacción / la voz

No existe un guion en Hollywood tan redondo como el de la película papal a la que asiste estos días el planeta: en algún lugar del Vaticano, Benedicto XVI guarda en una caja fuerte un informe incendiario sobre la curia romana que incluye irregularidades en las finanzas de la Iglesia, entre otros escándalos. Solo se lo entregará al futuro papa, personalmente. El precónclave que congregó estos días a los cardenales ha sacado a la luz la división de estos en dos bandos, extranjeros y romanos. Los primeros exigían detalles del informe de Ratzinger como condición para fijar la fecha del cónclave. Los romanos (la curia) intentaban zanjar cuanto antes el conflicto.

¿Qué son las Congregaciones Generales?

Son las reuniones previas al cónclave que han mantenido los cardenales esta semana para conocerse entre sí, definir el perfil del nuevo papa y fijar la fecha del cónclave; al final, el martes 12. Se les llama también precónclave. Duraron cinco días.

¿Qué defienden «romanos» y «extranjeros»?

Con alguna adhesión puntual, los romanos son cardenales de la curia romana (conjunto de órganos de gobierno de la Santa Sede). Están apegados a la tradición, defienden el inmovilismo de la Iglesia, no pueden presumir de transparencia en cuestiones financieras e insisten en mantener a la curia como epicentro del poder de la Iglesia. Los purpurados Tarcisio Bertone y Angelo Sodano, enemigos íntimos durante ocho años, defienden ahora un interés común. Los extranjeros son cardenales ajenos a la curia, con grupos influyentes, como los estadounidenses, algunos latinoamericanos o los alemanes. Quieren una Iglesia transparente, arrojar luz sobre asuntos dudosos, como las finanzas, y diseminar el Gobierno de la Iglesia por el mundo reformando la curia.

¿Cómo se trasladó el conflicto al precónclave?

Desde el inicio de las Congregaciones Generales, la prensa italiana publicó la existencia de tiranteces y la condición expresa que impuso un grupo de cardenales para fijar la fecha del cónclave: conocer antes el informe del papa, que incluye, según la misma fuente, detalles sobre un influyente lobby gay y escabrosas referencias al Banco Vaticano. Después de cuatro días sin acuerdo sobre la fecha, el portavoz Federico Lombardi admitió el jueves que se había cedido a la petición: «Los cardenales a cargo de tres ministerios económicos expusieron ante los purpurados las finanzas del Vaticano». Un día después, ayer, se consensuó una fecha.

¿Cómo manejaron el asunto los cardenales estadounidenses?

A pesar del tradicional oscurantismo con la prensa y de que al empezar el precónclave los cardenales juraron no revelar el contenido de las charlas, 11 de los 14 purpurados estadounidenses ofrecieron desde el primer día ruedas de prensa en el Colegio Americano de Roma. Con gran amabilidad comentaban a los periodistas los temas de debate de la jornada. A la primera acudió solo la prensa de su país. A la segunda, la del mundo entero, que no salía de su asombro. Transparencia y naturalidad frente a la cerrazón oficial. Los americanos insinuaron, por ejemplo, su deseo de reformar el Gobierno de la Iglesia. Pero sus comparecencias duraron 48 horas. La prensa de EE.?UU. acusó a Bertone y habló de «mordaza vaticana», pero también de la referencia que los extranjeros acababan de hallar en Dolan, O?Malley y compañía.

¿Hasta dónde llegan las tensiones entre purpurados?

Las hay muy fuertes. Por ejemplo, la de Joachim Meisner, cardenal de Colonia, con Tarcisio Bertone. Meisner reconoció en una entrevista en el diario Rundschauen, de Fráncfort, que en nombre de un grupo de cardenales pidió a Benedicto XVI que destituyese a Bertone como secretario de Estado.

¿Se trasladarán las diferencias al cónclave?

Sin duda, con dos tendencias opuestas sobre el perfil del nuevo papa. Es la primera vez que la opinión pública asiste a estas diferencias internas. Está claro que nada volverá a ser igual en los cónclaves vaticanos ahora que el mundo es testigo de las pugnas entre los cardenales.

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