El canadiense Marc Ouellet, el «cardenal de hierro», lleva un palo de hockey


Si hay un prelado que puede heredar el epígrafe que en su día se le puso a Joseph Ratzinger de «guardián de la ortodoxia» es el canadiense Marc Ouellet. Prefecto de la Congregación de los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para Latinoamérica, Ouellet es arzobispo emérito de Québec. Nació en 1944 y está licenciado en teología dogmática.

Entre 1970 y 1980 realizó largas estadías en Colombia, donde formó a miles de religiosos. Tras su designación como rector del Gran Seminario de Montreal, en 1990, su carrera conoció un ascenso fulgurante que culminó con su nombramiento como purpurado en el 2003 por Juan Pablo II.

La prensa canadiense lo apodó «el cardenal de hierro», ya que defiende las posturas más férreas del Vaticano contra el matrimonio entre homosexuales y contra el aborto, incluso en caso de violación. Políglota (habla francés, inglés, español, portugués, alemán e italiano) y amante del hockey, en una entrevista del 2011 respondió que ser papa «sería una pesadilla, una responsabilidad abrumadora». Ahora podría hacerse realidad.

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