Calendario maya: Amanecer en el día del fin del mundo

Los mayas insisten en que sus ancestros calcularon la culminación de una era y no el final de la humanidad


Miguel Lorenci Escarpa | Colpisa

Si está leyendo estas líneas, es que la Tierra y el Sol siguen girando. Para contrariedad de los agoreros, el mundo no se acabó el 21 del 12 del 12, una fecha recibida con tanta angustia por unos como alivio por otros. Del Pacífico al Caribe, la luz solar volvió a brillar sobre todo los confines terráqueos y bañó con su calor la línea completa del ecuador.

Era lo previsible para la inmensa mayoría de la humanidad. Una temerosa minoría vio cuán inútiles eran sus preparativos ante un final que no llegó y que ya se ha diferido para dentro de otros 5.200 años. Es lo que dura el calendario de la 'Cuerda larga' de los mayas, que insisten en que sus ancestros calcularon el preciso final de una era pero no predijeron el final del humanidad.

El sol se alzó así en el horizonte, como cada amanecer desde hace miles de millones de años. El frágil planeta azul vio nacer una nueva jornada en el Pacifico, donde primero amanece según los husos horarios. Australia recibió con júbilo la alborada este 21 de diciembre. ¿Hay alguien ahí? o ¿seguís vivos? fueron las preguntas que bombardearon la página de Facebook de la oficina de Turismo del gigantesco país. «Sí, ¡estamos vivos!», respondieron. «Agradecemos a los mayas el gran empujón para superar los cuatro millones de fans en nuestra página de Facebook», ironizó Andrew McEvoy, director del servicio. Aludía a la cacareada y malinterpretada leyenda maya que fijaba en este viernes de diciembre el definitivo cataclismo terráqueo que no fue.

El origen de todo está en un bajorrelieve de piedra hallado en Tortuguero, México, que alude a un evento místico en el solsticio de este diciembre. Según el calendario maya, es la culminación de la 'Cuenta larga' de 13 ciclos con que medían el tiempo, el baktun, cada uno de 400 años.

Hubo que esperar algunas horas para que el sol se levantara sobre Europa primero y luego sobre América Central, zona especialmente sensible al final de la era de 5.200 años anunciada en el calendario maya y que algunos investigadores sitúan más bien el 23 de diciembre. Como había anticipado la agencia espacial estadounidense (NASA) a los por miles de personas que reclamaron pautas para enfrentarse al Apocalipsis, no hubo meteorito, ni fuego cósmico, ni gigantesco maremoto ni terremoto global. «Nuestro planeta se las arregla bien desde hace más de 4.000 millones de años, y científicos competentes de todo el mundo aseguran que no hay ninguna amenaza relacionada con el año 2012», decía el tranquilizador mensaje de los 'astroexpertos'.

En Chichén Itzá, uno de los centros neurálgicos de la cultura maya, al sur de México, se congregaron entre 20.000 y 30.000 visitantes «como en un día de visita normal, en los horarios habituales», según un portavoz del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Allí saben bien lo que son las masas. Cada año miles de personas se concentran ante su majestuosa pirámide de Kukulkán para las celebraciones del equinoccio de primavera. Una multitud que ansía ver los primeros rayos del sol sobre las imponentes construcciones de piedra. «Los mayas era científicos y sabían todo de la naturaleza y de los ciclos del mundo. Esta fecha no tiene nada de apocalíptica. Los mayas tampoco creen en el fin del mundo», afirmó Rohan Tamdbyrajah, un turista de 20 años que no quiso perderse la ceremonia.

Hubo concentraciones similares en otros emplazamientos arqueológicos del sudeste de México, Guatemala, El Salvador y Honduras, la zona de influencia de la civilización maya. Las ceremonias habían comenzado en la tarde en Tikal. En Madrid cientos de personas se concentraron a mediodía en la plaza de Colón par dar la bienvenida a la nueva era en un acto organizado por la oficina de Turismo de México. Los danzantes crearon una «puerta humana» y quemaron incienso y copal ofreciéndolo a los cuatro puntos cardinales. Era una ceremonia para hermanarse con los reunidos en Chichén Itzá, desde el certeza de estar celebrando el nacimiento de una nueva era y no el final del mundo.

Refugios

Con todo, fueron muchas los precavidos y los que buscaron refugio en búnkeres y lugares espaciales ante el final que no llegó. En Holanda un hombre construyó una embarcación capaz de albergar 50 pasajeros ante un posible diluvio. «Los mayas no estaban locos, y si nos fijamos también en las profecías bíblicas, las montañas se derretirán como cera», había declarado Frank Pieter van der Meer al diario 'Volkskrant'.

Otro buen puñado de personas convencidas del advenimiento del Apocalipsis lo aguardaron en el poblachón turco de Sirince. Estaban seguros de que ese enclave quedaría a salvo de cualquier desmán cósmico o telúrico debido a la «energía positiva» que confluye en este enclave. Los reporteros que se desplazaron para cubrir esta migración y los policías enviados por el Gobierno superaban con mucho el censo de Sironce, apenas 570 habitantes. Los 500 agentes movilizados por precaución constataron la calma reinaba en la apacible aldea de casitas blancas situada a pocos kilómetros del mar Egeo.

Otro enclave propicio para ponerse a salvo de la catástrofe era Bugarach, pequeña ciudad del sudoeste de Francia en la que las autoridades tuvieron que pastorear a los cientos de personas que pretendía subir al famoso pico de la villa, que según las leyendas locales se salvaría del fin del mundo. La Policía detuvo a dos personas que portaban machetes y bombonas de gas en su coche. Como en Turquía, hubo casi más informadores que místicos dispuestos a dar esquinazo al fin del mudo en este pueblo.

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