Solo se bautizarán a las más profundas, las que obliguen a activar avisos importantes por lluvia, viento o nieve
09 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.En Europa el organismo encargado de la onomástica meteorológica es la Universidad Libre de Berlín. Lo hace desde 1954, cuando adoptó esta medida para que sus científicos realizasen un seguimiento de las altas y bajas presiones. Hoy puede hacerlo cualquiera con interés y unos trescientos euros. A través del programa Apadrina un Vórtice permite bautizar a los anticiclones y borrascas que se forman en el viejo continente. Desde hace unos días se han sumado también a esta práctica las agencias de Francia, Portugal y España. Météo-France, IMPA y Aemet se coordinarán a partir de ahora con otros organismos como la Met Office inglesa para nombrar a los ciclones extratropicales. La diferencia respecto al trabajo que hacen los alemanes es que solo se van a bautizar a las borrascas más profundas. Es decir, únicamente aquellas que obliguen a activar avisos importantes por lluvia, viento o nieve. No será necesario que sean ciclogénesis explosivas pero sí que vayan a producir un gran impacto. Esta iniciativa, creada por el organismo que se encarga de la coordinación entre las diferentes agencias de meteorología en Europa, busca establecer una comunicación más efectiva con la población en situaciones de fenómenos adversos, como el de mañana.
El nombre que encabeza la lista es Ana. La primera borrasca con identidad propia en nuestro país está a punto de nacer. El ciclón reúne todas las características. Una potente borrasca, que incluso alcanzará la categoría de explosiva en unas horas, ya que su presión caerá en picado en poco tiempo hasta los 965 milibares. En su recorrido por el Atlántico, pasará cerca de Galicia y dejará importantes efectos entre mañana y el lunes. Ya se han activado avisos por viento, lluvia y fuerte oleaje.
Nombrar a las borrascas favorece además que un temporal permanezca en el memoria colectiva durante más tiempo. En la de los gallegos destacan dos nombres propios, Hortensia y Klaus, ambos restos de huracanes convertidos en potentes borrascas que arrasaron la comunidad. Este año habría que añadir un tercero, Ophelia, el huracán de categoría tres que el pasado 16 de octubre generó un episodio de calor extremo. Una meteorología propia de otra latitud que acabaría convirtiéndose en gasolina para los incendiarios. Lo cierto es que hay nombres que traen muy malos recuerdos. En Estados Unidos, Katrina, muy común en el país, desapareció de los registros civiles a partir del 2005, cuando un huracán con ese nombre provocó más de dos mil fallecidos.