El coche que viajó 50 años en el tiempo

«Un ingeniero belga ha construido un automóvil eléctrico [...] En las pruebas de marcha adquirió una velocidad de 128 kilómetros por hora». Hace 120 años, La Voz daba cuenta de este hito, que forma parte de la historia de la automoción.


En 1856, Julio Verne aventuró en su libro París en el siglo XX que el futuro del automóvil pasaría por el motor de aire comprimido. Esta vez, el genio falló estrepitosamente. Pero La Voz de Galicia tiene su propio Julio Verne en lo que se refiere a la predicción del coche eléctrico como vehículo del futuro. El 31 de diciembre de 1900, pocas semanas después de que este periódico publicase la noticia de que el ingeniero belga Camille Jenatzy había fabricado un automóvil propulsado por baterías y que alcanzaba los 128 km/h, el periodista Alejandro Barreiro plasmaba su visión de cómo sería A Coruña 50 años después. Barreiro, que con el tiempo ocuparía la dirección de La Voz, planteaba un largo paseo por la ciudad de 1950, imaginada medio siglo antes, y lo hacía en coche eléctrico, para cruzar «un puente colgante entre los muelles de San Diego y Perillo», comprobar que la plaza de toros «ha desaparecido» y contemplar con el ayuntamiento a sus espaldas «la estatua de María Pita, la heroína de la ciudad».

La imaginación más o menos atinada de Alejandro Barreiro no podía prever, claro está, que el autómóvil eléctrico -que pocos años después recibiría un gran impulso con las baterías de Edison y con la apuesta de grandes marcas estadounidenses- acabaría siendo engullido por los motores de combustión, a partir de los años veinte. Quedaría así atrás una época en las que en La Voz podían leerse simpáticas noticias, a modo de notas de sociedad, en las que se daba cuenta de las entradas o salidas en las ciudades gallegas de personajes adinerados a bordo de sus vehículos de batería. Eran informaciones del tipo: «Hoy estuvo en esta ciudad el automóvil eléctrico del coruñés Sr. González. Regresó a eso de la una de la tarde» (18/7/1902); o incidentes con monarcas de por medio: «Al regresar los Reyes e infanta Isabel a Palacio después de despedir al infante don Carlos, que salió ayer para París, ocurrió un accidente (...). La familia real ocupaba un automóvil eléctrico. En la cuesta de San Vicente, se rompió el freno al vehículo. (...) y chocó con otro. Los Reyes y la infanta se bajaron, sin que hubiesen experimentado más que un susto».

Hasta tal punto cayó en el ostracismo este tipo de motores que el 11 de agosto de 1931, en la misma página que aparecía un anuncio de «preservativos La discreta (catálogo gratis sin enviar sello»), La Voz recordaba con absoluta condescendencia las carreras de coches que promovía aquel belga de apellido Jenatzy tres décadas antes: «La crónica de la época registra una serie de incidentes dramáticos que hoy causan risa, pero que fueron obstáculos serios y pusieron a prueba el ingenio y entusiasmo de algunos corredores, decisivos para el progreso del automóvil mundial». Bueno, ya solo quedaban 30 años para la invención del Seiscientos.

Y las predicciones sobre el coche del mañana desaparecen entonces de las páginas de La Voz, bastante ocupadas de dar cuenta de la triste realidad de tiempos en los que el gasógeno obtenido de quemar carbón o madera fue tecnología punta: una empresa catalana de la posguerra que instaló motores eléctricos en autobuses y camiones Ford tenía por nombre Automóviles Autarquía. Las únicas referencias a coches con batería las encontramos en noticias que denotan esa economía de subsistencia (como la del 1 de febrero de 1946, referente a un taxi eléctrico de fabricación nacional). Pero en 1965 regresa la alegría futurista: «Coches con radar, cocinas automáticas, visitas por televisión». De tal guisa titula La Voz el 15 de octubre un reportaje bajo el epígrafe: «Así será la vida el año 2000» en el que lo clava en cuanto a Internet y a las tecnologías de detección de los vehículos que marchan delante, pero que se desvía mucho en los sistemas de propulsión: «El coche será capaz de ir a 200 sobre un colchón de aire». En esa misma página hay un anuncio del proletario Simca 1000. El futuro estaba aún por escribirse. Y en el caso del coche eléctrico, a tenor de las informaciones publicadas esta misma semana en La Voz, parece que también.

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