Un misterioso pórtico de yeso

El pretendido hallazgo de una réplica de la Gloria en una aduana sirvió a La Voz para recordar las profanaciones que sufrió la obra y lanzar una campaña para preservarla


Redacción / la Voz

Tras diez años oculto, faltan solo unos días para poder ver los colores del pórtico de la Gloria. Aquellos que, según la tradición, los ingleses le arrebataron en 1866, cuando hicieron un vaciado para montar la réplica que aún hoy puede verse en Londres.

Aquella operación, que costó «230.000 reales, o sean 2.300 libras esterlinas», dio para algún que otro misterio, como el que en 1893 creyeron descubrir un par de periódicos madrileños. La Voz recogió la presunta noticia, a la que dedicó cuatro extensos comentarios en ediciones sucesivas. El primero empezaba así: «Entre nuestros colegas de la corte El Liberal y La Correspondencia de España hubo en estos días un cambio de sueltos [...] acerca de una supuesta reproducción en yeso del famoso pórtico de la Gloria [...], que el primero [...] cree regalada generosamente al Gobierno español por el de la Gran Bretaña y que, no habiendo querido recibírsela [...], yace encajonada todavía desde 1866 en el almacén de una aduana, allá en un puerto del Mediterráneo».

Claro que nadie de los diarios capitalinos había visto los «cientos de cajones» y «el verdadero número de piezas, que se contaban a millares», que los ingleses habían reunido ante el templo en 1866 para que un buque «expresamente fletado las condujese a Inglaterra». Y no calculaban que «sería imposible que semejante carga pudiese hallar cabida durante veintisiete años en ninguno de los almacenes de la mejor aduana española sin causar reclamaciones de la atención del Gobierno». Conclusión: «Calificamos de fantásticas las sospechas».

Los senos de Esther

El asunto causó indignación en la redacción del periódico. «¿Es que se acuerda ahora, y como siempre tarde, la prensa de la corte de la conservación de nuestros monumentos?». «¿Quién dijo nada en aquellos momentos en que [...] se entregaba una obra nacional al brazo de extranjeros que con su vaciado han arrancado las preciosas pinturas del siglo XII que decoraban las doscientas estatuas?».

Es más. Al hilo de «ese horror de vaciar impunemente un monumento pintado arrancando la mayor parte de los pocos restos que quedaban», que «no se ha visto en ninguna nación civilizada del mundo, sino en la pobre España», La Voz recordó otras profanaciones por las que nadie había protestado. «Sobre una de las columnitas [...] se halla de pie la estatua del profeta Daniel [...], dirigiendo su vista llena de fuego y alegría [...] al pilar de enfrente [...], donde está la estatua elegantísima de una mujer (Esther, según algunos) que mostraba bajo su traje de reina sus prominentes senos [...]. Ante semejante suposición de impurezas en el profeta Daniel, aun convertido en piedra, el cabildo de Santiago mandó a uno de sus picapedreros cortase sin piedad los senos de Esther».

Limpieza general

Por no hablar de «la limpieza general» durante la que la autoridad eclesiástica ordenó «repicar también, o raspar con alambres, gran parte de ese pórtico».

El periódico aprovechó aquella polémica para lanzar una campaña a la que se unió la práctica totalidad de la prensa gallega: «Queremos que se declare a todo trance monumento nacional al pórtico de la Gloria, de la catedral de Santiago, único medio de preservarlo».

Por suerte, el próximo 27 de julio se podrá comprobar cómo los trabajos del último decenio han resucitado parte de los pigmentos. Por suerte porque hace siglo y medio «el cabildo, en vista de la completa destrucción de las pinturas, y sin saber lo que era este sublime arte, pretendió renovar los colores... y nos han asegurado que por cuatro mil reales hallaban artistas de Compostela para tan inmensa restauración, de la cual nos han librado Dios y su apóstol Santiago por uno de sus grandes y reconocidos milagros».

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