Del corralón de la Gaiteira a Balaídos

El Fortuna Football Club y el Club Deportivo de la Sala Calvet reeditan hoy, ahora con sus nuevos nombres de Celta y Dépor, una rivalidad de 110 años


Redacción / la Voz

«Con una tarde deliciosa se celebró el domingo, en la Gaiteira, el match entre los equipos Fortuna F. C., de Vigo, y Club Deportivo, de La Coruña». No se llamaban Celta ni Dépor, no vestían camisolas celestes ni blanquiazules y ni siquiera tenían aún honores reales, pero el partido que disputaron el 25 de agosto de 1907 en el campo coruñés del corralón de la Gaiteira fue el primer y prehistórico capítulo de eso que ahora llamamos O Noso Derbi, algo que, oficialmente, no nació hasta 1924, cuando el club vigués se había fusionado con el Sporting para crear el Celta y el coruñés ya se había desprendido del apellido de la Sala Calvet.

Eran aún los albores del fútbol gallego. En el cambio de siglo, el nuevo deporte era un exotismo y había hacia él ciertas reservas, fundadas, quizá, en la preocupación por la salud pública, como se desprende, por ejemplo, de esta nota de 1894: «Nuestros sportman han tomado ahora el juego del foot-ball con un calor digno de mejor causa. Gracias a él han tenido que guardar cama algunos socios del Sporting Club, favorecidos con sendas coces [...]. Pueden, sin embargo, darse con un canto en los pechos [...]. El juego del foot-ball ha ocasionado en Londres, durante los dos primeros meses de este año [...], una conmoción cerebral, quince fracturas de piernas, seis de clavícula, una de un omóplato, una de un brazo, cinco dislocaciones de la espalda, dos de rodilla, seis heridas no especificadas, entre las cuales tres eran mortales de necesidad».

Ninguna advertencia pudo con el fútbol. Arrasó. Se jugaba en todas partes. Hasta llegaban quejas a los ayuntamientos «respecto al foot-ball callejero». «Molesta al transeúnte y constituye un peligro», decían. Tanto, que hubo reacción: «El alcalde ha dado órdenes a la Guardia Municipal para que impida que turbas de muchachos conviertan la vía pública en campo de foot-ball [...]. Entorpecen el tránsito, molestan a los vecinos y ponen en peligro las lunas de los comercios».

Los fines de semana, los campos eran un hervidero, aunque ya se pagaba: «Palco con seis asientos, 20 pesetas para las tres sesiones y 10 para una sola; silla, tres pesetas para las tres sesiones y 1,50 para cada sesión; banqueta, dos pesetas para las tres sesiones y una para cada sesión. Entrada general, 50 céntimos».

No se conocía aún la rivalidad norte-sur. Las disputas eran vecinales, entre equipos que aparecían, desaparecían, se unían unos a otros o se escindían. Dos derbis empezaron a destacar: el Fortuna-Vigo F. C. y el Coruña-Deportivo. Sus aficiones estaban cada vez más enfrentadas. «Son los amigos adjuntos, esos grupos de amigos oficiosos que operan un poco en la sombra, los que se encargan de pinchar, de encirrar [...], de caldear el ambiente con sus baladronadas, para que haya pelea donde debiera haber juego y encono donde debiera haber amistad». Hay quien dice que de ahí viene el cabreo que provoca inconscientemente en los seguidores del Dépor que alguien se refiera a su equipo como el Coruña.

El partido

Pero aquel domingo de agosto de 1907 nació algo nuevo, aunque los que lo vieron no se percatasen. Los bisoños jugadores del Deportivo (el club no tenía ni un año) «hubieron de mantenerse casi siempre a la defensiva [...]. No fue poco que en la primera parte del match lograsen hacer un goal». El Fortuna «estuvo sencillamente admirable. Pasando y combinando hicieron verdaderas filigranas los simpáticos muchachos [...]. Hubo ovaciones y vítores para los dos bandos y para los dos pueblos. Griffin, Lende, Estévez y Hambly, de Vigo, fueron muy felicitados». El resultado fue de 1-7 y el club vigués se hizo con el «Campeonato de Galicia y Asturias, copa que lo simboliza, once medallas de oro sobre plata y 500 pesetas». Por la noche, todos los jugadores «banquetearon fraternalmente en la Sala Calvet». Mientras, en Vigo, «al llegar el telegrama anunciando el triunfo del Club Fortuna, la multitud prorrumpió en vítores a los vencedores».

El Deportivo devolvió la visita el 26 de enero siguiente. «En la estación ferroviaria fueron recibidos los excursionistas por el Club Fortuna y numerosos sportman de esta localidad. Se dieron entusiastas vivas a La Coruña y Vigo, se dispararon numerosas bombas y ambos clubs fraternizaron alegremente».

Esta tarde en Balaídos, 110 años después, el partido.

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