Con nieve, mejor patas que ruedas

Diligencias y automóviles de pasajeros que hacen el trayecto Santiago-A Coruña se encuentran, al llegar a Ordes, la carretera cubierta con un manto blanco...


Redacción / la Voz

Domingo, 22 de diciembre de 1901

Pocos inconvenientes como el mal tiempo para echar a perder un plan de viaje. Bien lo saben los automovilistas que, contra su voluntad, deben hacer noche en la provincia de Segovia si les dicen que el camino a Madrid está franco y antes de Guadarrama se dan de bruces con una gruesa capa de nieve. Es un problema recurrente desde que nos empecinamos en viajar en invierno.

Ya sucedió durante la ola de frío de diciembre de 1901. A punto de acabarse diciembre, «es tal la cantidad de nieve caída que hace muchos años que no se recuerda otra tan importante», telegrafía el corresponsal en Lugo, que advierte que «los caminos están por completo obstruidos [...], haciéndose con tal motivo con gran dificultad los servicios de peonaje». Tan mal está el panorama, que a las ocho menos veinte de la tarde «todavía no han llegado los correos de Becerreá y Fonsagrada».

Andancio de sabañones

Bajan las temperaturas y un día después ya se puede decir que «la incomunicación de Lugo es completa con el resto de la provincia, menos por ferrocarril», y que «hace más de diez años que no ha caído una nevada igual». Ya afecta a casi toda Galicia. «Las montañas orensanas están en muchos puntos cubiertas de nieves, y el frío no respeta tampoco a la ciudad de las burgas. En Pontevedra también tienen su cachito de frío y su andancio de sabañones con conatos de nevada e intermedios de lluvia y granizo. Pero donde más se ha ensañado el glacial latigazo de diciembre es en Lugo».

Se salva la capital coruñesa, donde aunque «la temperatura invernal se ha recrudecido estos días de una manera considerable [...], no podemos quejarnos».

Sin embargo, «a muy pocos kilómetros [...] el cuadro varía por completo. Camino de Santiago, por ejemplo, ya empieza la nieve a cubrir la carretera antes de llegar a Carral, y sigue sin interrupción hasta más allá de Órdenes». Y «en otros puntos de la provincia hay nieve y frío que es un primor». En esas condiciones, los nuevos e imponentes automóviles de pasajeros que hacen la línea entre ambas ciudades parten, como cualquier otro día, hacia su destino. Pero el que sale de A Coruña se vuelve «desde Carral, y el que desde Santiago venía a La Coruña retornó desde Órdenes. Los esfuerzos del motor eran insuficientes, las ruedas patinaban sobre la nieve y hubo que desistir de continuar». No hay ni quitanieves ni unidades especiales del Ejército para abrir camino.

Viajeros ateridos y maltrechos

El flamante medio de transporte, el último grito tecnológico, que ha pulverizado el tiempo de viaje del carruaje, no puede con la nevada. La diligencia, relegada a llevar a quienes no tienen para pagarse el billete de los medios de tracción mecánica, también se echa a la carretera en tan adversas condiciones. La que sale de Santiago en dirección a A Coruña se enfrenta a la misma capa de nieve, que «en algunos puntos» llega «a media vara de altura, y en las cunetas, a más de un metro». «Díganlo si no los viajeros [...]. Ateridos, maltrechos y renegando del tiempo pudieron llegar, aunque con dos horas y media de retraso, gracias al poderoso esfuerzo de las mulas», que, en uno de sus últimos triunfos, se imponen a los caballos de vapor.

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