Ramón Carnero, el homenaje a un técnico celeste y a un celtista

La segunda peña dedicada al que fue entrenador del Celta se creó en Mos hace diez años

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Vigo

Quizá no haya sido un ídolo de masas, pero sí alguien que supo ganarse a la perfección el cariño del celtismo. Prueba de ello es que Moncho Carnero, que ayer cumplió 63 años, es el único personaje celeste junto con Gudelj que tiene dos peñas con su nombre: una en Monforte nacida hace 18 años y otra en Mos con un decenio de vida a sus espaldas.

Confiesa su presidente que la mosense es una peña «sencillita y pequeña» pero también «fiel como la que más», en palabras de su presidente, Juan Romero. Actualmente tienen 16 miembros y nunca han pasado de los 20. Todos gente muy cercana a Carnero, con el que siempre han tenido un trato directo. «Su mujer trabaja en el mismo sitio que yo, así que lo conocía hace mucho tiempo; además paraban mucho en el restaurante donde nos juntábamos a ver los partidos y a base de tener relación con él pensé que se merecía una peña».

Cuando se lo plantearon al interesado, reacción con sorpresa: «Como queráis», les dijo. Luego vino una inauguración que recuerdan con mucho cariño y años de viajes a Balaídos, reuniones para ver los partidos en su sede, algún que otro viaje y, sobre todo, comidas y cenas contando con la presencia de Carnero, que era segundo entrenador en el momento de fundarse la peña. «Aquí en lo que piensan siempre los socios en el el fútbol y en la papatoria, que no la perdonan. Hace unos días ya me estaban con que había que ir preparando papatoria para Navidad», cuenta entre risas. Moncho no se pierde ni una «y Gudelj tampoco, que siempre se apunta».

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Una de las prioridades que tiene Juan es rejuvenecer la peña y garantizar que tenga un futuro. «Siempre ando dándole vueltas a la cabeza para ver cómo lo hago. Estoy intentando convencer a gente para que se meta en la peña y que así subamos un poco en número. También he metido ya a mi hijo, que es el secretario», señala. Porque en su familia se respira un celtismo que a él le viene de atrás. «Mis padres tenían un bar y con la furgoneta, siempre que podían, iban a Balaídos. Fui socio siempre excepto una racha en la que por un tema económico me era imposible pagar el carné y me tuve que borrar», lamenta.

Durante ese tiempo sintió que le faltaba algo, pero la peña siguió adelante. «No sé qué me daba presidirla sin ser abonado, pero solo fue durante un par de años», recuerda. E incide en que la mala racha era un tema personal suyo, nada que ver con la situación deportiva del equipo. «Seguimos igual en Segunda, claro que sí. Ni nos planteamos otra cosa», señala. Como tampoco se han planteado cambiar el nombre de la peña. «Aunque cuando empezamos Moncho era segundo entrenador y ahora ya no, lo que va a ser siempre es un celtista de pro. Nada que ver con ponerle el nombre de un jugador que se va y nunca más se supo. Mientras yo pueda ocuparme, esta peña siempre va a seguir siendo de Moncho Carnero».

Junto con ellos hay otras dos peñas en Mos, la de Rubén Blanco y la de Petelos, que lleva el nombre del municipio. Con las dos tienen buena sintonía -«aunque siempre estamos para juntarnos a ver si nos conocemos más»-. Todas tienen el reto común de rejuvenecer, pero al mismo tiempo en la de Carnero presumen de la veteranía y fidelidad de unos peñistas que, siendo pocos y de edad avanzada en su mayoría, siguen al pie del cañón.

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