Pontevedra, donde el celtismo es una rareza en aumento

La peña de la localidad nació en 1999 y se ha mantenido fiel mientras a su alrededor la afición por el equipo, poco extendida, vivía momentos mejores y peores

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Vigo

«No es muy frecuente encontrar aficionados del Celta en Pontevedra», subraya Fernando San Martín. Él es el presidente de la peña celtista de la ciudad, fundada en el año 1999 por Pedro Rodríguez y que sobrevive pese a ese entorno a veces poco propicio. Precisamente, la falta de celtistas en el municipio fue lo que les impulsó a formar esta agrupación en cuanto se encontraron con un número aceptable de hinchas celestes. Hoy rondan los 60.

Fernando y su hermano, de origen vigués y a los que el celtismo les venía de familia, descubrieron algo más tarde la peña por un anuncio y allí se fueron. Poco a poco se fueron implicando más y más hasta que al abandono por parte del primer presidente, Fernando tomó las riendas. «La función primordial es juntarnos para ir a Balaídos a ver los partidos del Celta. Luego vida social podemos tener más o menos, y para los partidos de fuera hoy en día ya no hace falta ir a un bar porque cada uno los ve en su casa, pero los desplazamientos a Vigo son lo fundamental para nosotros», dice.

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Ese autobús lo comparten con las peñas de Ponte Caldelas y Pablo Coira, con las que suman más de un centenar de personas, lo que les ha llevado a poner un segundo autobús que costean entre las tres. «Es un servicio muy cómodo para el aficionado y también muy grato. En ese recorrido tenemos nuestras discusiones, opinamos del equipo, que si el Tucu vale, que si no... Pero siempre son charlas sanas, con mucho humor y entre amigos que llevamos años yendo juntos. Es de lo mejor que tiene el fútbol».

Previamente a ellos había habido otra peña celtista pontevedresa, la mejor prueba de que aunque no sea algo muy extendido, a los colores del Celta nunca les han faltado defensores en la localidad. «Sí que había habido otra antiguamente, muchos años antes, tenían una sede y en su día bastante actividad, pero ya habían dejado de funciona y de ahí que se pusiera en marcha la nuestra». Celebra, eso sí, que «cada vez hay más celtistas en Pontevedra y ya se va haciendo menos raro ver a gente con camisetas. También depende mucho de lo fuerte que esté el Pontevedra», señala.

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Asegura que ellos no fueron de «subirse al carro» y que han estado en las duras y en las maduras. «Los descensos fueron duros, la etapa de Segunda fue larga y siempre es triste y complicado. Pero con la situación actual tenemos la recompensa», celebra. Ni siquiera en esos momentos la peña pontevedresa peligró, es más, vivió momentos más críticos por malentendidos internos que se fueron superando. «Había épocas que se apuntaba mucha gente al autobús y no teníamos espacio para las tres peñas. Era complicado poner de acuerdo a tantas personas y llegó a hacer problemas, pero por suerte todo acabó bien», recuerda.

También admite que no siempre se han encontrado las simpatías de todo el mundo en su actividad como peña. «Lo mejor es pasar de los comentarios negativos de gente de otros equipos. Siempre lo hemos hecho así y al final se acaban cansando. Nunca hemos tenido ningún problema importante». Sí que es verdad que se cuidan a la hora de buscar un bar adecuado para seguir los partidos. «No vas a cualquiera, pero simplemente porque no te apetece estar en un sitio donde vayan a celebrar los goles del equipo rival del Celta; es algo que, si está en tu mano, está claro que lo evitas».

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Cuentan con gente «de todas las edades, desde chavalitos de nueve o diez años hasta gente de 70 u 80». Por estos últimos, «siempre muy agradecidos», señala Fernando que es por quienes más merece la pena seguir adelante. «Ahora hay peñas más jóvenes, por ejemplo una que ha nacido en Ponte Caldelas. Nosotros tenemos mucha gente de siempre y alguna que se suma. Lo importante es colaborar entre todos porque lo que nos une es el Celta y, en nuestro caso, también la ciudad de Pontevedra».

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