Un celtista llamado Thiago Alcántara

El hijo de Mazinho, criado en Vigo, no se pierde un partido del Celta

Thiago saluda a varios jugadores del Celta en el año 2012
Thiago saluda a varios jugadores del Celta en el año 2012

Vigo

«Ojalá el Celta se meta en Europa. Qué orgullo de equipo». Así de contundente se mostró Thiago Alcántara al ser preguntado por el conjunto vigués en una entrevista concedida al espacio Al primer toque, de Onda Cero. No es algo nuevo, pues el futbolista del Bayern -que vivió buena parte de su infancia en Vigo a raíz de que su padre, Mazinho, jugara en el Celta- nunca ha ocultado su simpatía por los celestes.

El vigués de adopción, con su padre, Mazinho, en la época del Ureca
El vigués de adopción, con su padre, Mazinho, en la época del Ureca

Esa afición por el Celta se acentúo todavía más a raíz del fichaje de su hermano, Rafinha Alcántara, que jugó como cedido por el Barcelona en el curso 2013/2014. «Lo seguía desde antes, pero desde entonces aún más. Lo veo cada fin de semana». Thiago se encuentra estos días concentrado con la selección junto al céltico Nolito. «No le meto presión -dijo preguntado de nuevo por el tema de la posible clasificación para Europa-, el fútbol es para disfrutar».

Durante un partido cuando tenía 13 años, antes de iniciar su aventura culé
Durante un partido cuando tenía 13 años, antes de iniciar su aventura culé

También aludió Thiago a la influencia que ha tenido su progenitor en su pasión por el fútbol, haciendo referencia una vez más a la ciudad donde creció. «Recuerdo que el domingo, cuando ya habíamos hecho los deberes, jugado con nuestros respectivos equipos en Vigo, nos sentábamos a ver los partidos con mi padre. Por su culpa desde pequeños hemos sido futboleros».

Su relación con Vigo y su sentir hacia el Celta ha quedado patente en más de una ocasión a través de su cuenta de Twitter en los últimos años:

El tesoro que guardaba Mazinho

Rafinha acaba de cumplirá 24 años el próximo abril. Llegó a Vigo a cuando Mazinho fichó por el Celta, en 1996, con cinco años y permaneció en la ciudad hasta su fichaje por el Barcelona, en el año 2007. Pese a haber residido tantos años en el municipio, nunca vistió la camiseta del Celta, aunque la entidad celeste sí fue uno de los equipos que se interesó por él cuando deslumbraba en el Val Miñor (entonces Ureca).

«El tesoro que guarda Mazinho», titulaba La Voz en marzo del 2005, hace ahora once años, un reportaje donde tanto su padre como su entrenador daban pistas de lo que podía deparar el futuro al hoy internacional absoluto con España. «Es un niño muy completo, le pega con las dos piernas, cuando regatea busca bien el perfil malo del rival. Tiene visión, llegada, finalización...», comentaba Mazinho al tiempo que reconocía ofertas de Celta, Deportivo, Valencia o el Barcelona que acabaría llevándoselo. Y se refería también a Rafinha, que entonces jugaba en alevines del Ureca. «No sé si es genio natural, pero los dos tienen una coordinación. Yo no hago más que ver los partidos y decirle que es mejor así o de otra manera».

Su entrenador, Javier Lago, comentaba que a él le correspondía el papel de conseguir que Thiago hiciera «jugar al equipo sin lucirse él solo». Incidía Lago en que no era partidario de que el chaval saliera en la prensa. «Al fin y al cabo solo tiene trece años», añadía. Discrepaba ahí Mazinho, previendo que sabría «moverse sin problemas en el mundo del fútbol de hoy porque es un niño muy maduro». Diez años después, parece claro que el pronóstico del campeón del mundo se ha cumplido.

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