La dimensión extraordinaria de Iago Aspas, leyenda del Celta por antonomasia
GRADA DE RÍO
Rafa Sáez conoce al capitán celeste desde niño y lo entrenó en el Fortuna: «Su pasión por el fútbol era desmedida y se le veían cosas diferentes»
01 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Conocí a Iago Aspas por su hermano mucho antes de que fuera juvenil y lo entrenara. A veces venía a ver a Jonathan a A Madroa con sus álbumes de cromos de jugadores. Era increíble la capacidad memorística que tenía y su pasión desmedida por el este deporte, era un enamorado, un fanático que se sabía nombres de jugadores de selecciones asiáticas o africanas impensables con diez o doce años. Sé que en esa época organizaba equipos de fútbol en su pueblo, en Moaña, con compañeros de su edad e incluso mayores.
Destilaba fútbol por los cuatro costados, pero, además, a diferencia con otros niños a los que también les podía encantar, se le veían cosas distintas a nivel futbolístico: técnico; táctico, que lo fue mejorando mucho, y de liderazgo y carisma, de ser un faro para el resto. Tenía la capacidad de aglutinar el sentimiento de sus compañeros, eso que tanto se ha visto luego en su carrera se le adivinaba desde pequeñito.
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No fue ninguna sorpresa que llegara a profesional, pero otra cosa es el nivel de leyenda que ha alcanzado y seguir en activo a los 39 años. En aquella etapa en el filial se dio cuenta de que tenía que controlar los impulsos y canalizar de forma positiva su carácter, no perderlo. También recuerdo hablar con el doctor Borrás de qué podíamos hacer con Iago para que ganara algo de empaque, de fortaleza; él fue un maestro en la respuesta: «Lo que tiene que hacer es A, B, y C: entrenar, alimentarse y descansar. No le deis más vueltas». Y así lo ha seguido haciendo.
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Ha habido muchas leyendas en el Celta, cada uno en su contexto temporal, que es algo muy cambiante, y la importancia de los jugadores va muy ligada al momento que les toque vivir en el club. Pero es grandioso lo que ha hecho: siendo determinante en los momentos difíciles de evitar el descenso a Segunda B, para consolidar al equipo en Primera, para volver a Europa y para repetir este año... Y sabiendo adaptarse el último año al rol que Claudio Giráldez le dio, siendo camaleónico.
El Celta tiene más leyendas, cada una en su época, y sin entrar en disquisiciones sobre qué jugador es mejor o no, por importancia, por impacto, por calado social, representatividad y, por qué no, por su carácter personal, su fiabilidad, su cercanía con la afición, es la leyenda por antonomasia. Ha adquirido una dimensión futbolística extraordinaria, creo que hay unanimidad total sobre eso; es una bendición para el Celta y para el fútbol en general poder seguir contando con él.