En tres años al frente, la presidenta ha construido un Celta ganador en el campo, llevando al fútbol base a sus cotas más altas y disparando el celtismo
21 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Marián Mouriño acumula tres años al frente del Celta y, salvo su primera decisión, la de contratar de Rafa Benítez, todo lo que toca es oro. Con su varita mágica para gobernar, ha conseguido liderar un proyecto con dos clasificaciones consecutivas para la Europa League después de años de sufrimiento y ahora se convierte en la primera presidenta en los 103 años de historia del club que lleva al filial a Segunda División. Y no lo ha conseguido de cualquier manera, sino con una clara apuesta por la cantera.
Desde el primer día que se sentó en su despacho, Marián Mouriño irradió positivismo. En tiempos de penurias deportivas, suyo era el primer mensaje cada lunes para levantar la moral de la tropa. Aquella primera temporada, supo reconocer el error y dar un volantazo que colocó a Claudio Giráldez al frente del primer equipo. Era marzo del 2024 y ese fue el punto de inflexión. Desde ese día, casi todo es de color de rosa en el Celta: en lo deportivo, en lo social (con 42.550 carnés celtistas y 7.544 personas en lista de espera) y con brotes verdes en lo económico después de una época oscura postcovid. Además, bajo su mandato se puso en marcha el proyecto femenino de As Celtas y le ha dado el impulso definitivo a Celta360.
Hasta la fecha, todas las apuestas le han salido redondas: la elección de Claudio, la primera; pero también la designación de Marco Garcés como director de fútbol. La del mexicano parecía una apuesta arriesgada después del efímero paso del ausente Luís Campos, pero Marián conocía cómo trabajaba el exinternacional mexicano, tanto en el Pachuca como en Los Ángeles, y Garcés ha aprobado todos los exámenes hasta la fecha, incluido el de la aceleración de procesos, consistente en adelantar las edades para que los jugadores puedan llegar antes a la élite. Parecía un suicidio y ha salido redonda.
Fredi Álvarez fue otro acierto. Era la solución lógica para el filial después del ascenso al primer equipo del técnico de O Porriño y en poco más de 800 días, el de Moaña jugó dos playoff y logró un histórico ascenso a Segunda. Álvarez Paredes acaba contrato, pero nadie duda de su continuidad.