El celtismo vivió una jornada de fiesta de principio a fin, rubricada con triunfo
24 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El Celta-Sevilla de este sábado tenía todos los ingredientes para no querer perdérselo: un objetivo goloso en juego; la fiesta asegurada antes, durante y después con independencia del resultado; la celebración de la ansiada renovación de Iago Aspas; más de una despedida -las seguras y las que están por confirmar- y la búsqueda del broche final a una campaña que, como dijo Claudio Giráldez, ya era de matrícula de honor. Había ganas de Celta-Sevilla y se notó dentro y fuera. Aparte de que llegó el cierre de oro para que la jornada fuera redonda y el futuro, aún más ilusionante.
Porque la alerta por lluvias y tormenta decretada por la AEMET impidió que la fiesta de fin de curso se celebrara según lo previsto. Faltaron la música en directo, los puestos de las peñas y las actividades infantiles, pero el ambiente festivo y de celtismo estuvo muy presente durante toda la jornada, con los bares de los alrededores llenos y con algunas de las agrupaciones celtistas optando por la solidaridad de donar la comida que no iban a poder despachar en sus casetas. Y bajo un sol de justicia en muchos momentos. La cancelación de la programación de la xuntanza fue la única nota negativa que con el tiempo seguramente se recuerde como una anécdota.
Ionut Andrei Radu recibe el premio del celtismo al mejor jugador del @RCCelta en la temporada 2025/2026 ? pic.twitter.com/EOg8uKtyUt
— Grada de Río (@gradaderio) May 23, 2026
El estadio de Balaídos se fue llenando poco a poco en los minutos previos al inicio -hasta registrar un aspecto excelente, con cerca de 21.000 espectadores- y todavía faltaban muchos huecos cuando Ionut Andrei Radu recogió el trofeo, votado por la afición, al mejor futbolista céltico de la temporada. Ya eran muchos menos cuando sonó con fuerza la Oliveira dos cen anos, sucedida del Sarà perchè ti amo en unos instantes de espera hasta que dieran las 2.100 horas y Hernández Maeso decretara el inicio de la jornada unificada. Rugía ya para entonces Balaídos, y especialmente, como siempre, una grada de animación que entonaba el Aspas on fire, pidiendo un gol ya desde antes de comenzar al capitán, que salió al césped acompañado de sus tres hijos -igual que Azpilicueta por los suyos en su despedida del fútbol profesional- en un día especial.
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Con una gran entrada y una grada entregada, el ruido era ensordecedor por momentos. «Nós somos o celtismo», gritaba la hinchada, que también se acordó de forma menos cariñosa de Javier Tebas y del club hispalense, bien arropado, asimismo, en la grada visitante. Cada llegada viguesa hacía vibrar al público del municipal vigués, pero la afición se quedó con las ganas de celebrar un gol en unos primeros 45 minutos en los que no paró de alentar a los suyos ni un instante.
Sí iban a poder festejar un tanto, el de la victoria, en la segunda mitad, cuando Ilaix Moriba hizo caerse a un estadio que presentaba la sexta mejor entrada de la temporada y la tercera mejor en liga. Pero más se cayó si cabe para aplaudir a Iago Aspas, relevado en el 65 y que ya se había llevado otra sonora ovación al ser presentado en las alineaciones, con todo el celtismo celebrando saber que no iba a ser su último partido, sino que lo podrá disfrutar una temporada más.
Hubo tiempo para más ocasiones -alguna, casi cantada como gol-, para que apareciera la anunciada lluvia -un verdadero aguacero, coincidiendo con la pausa de hidratación del segundo tiempo-. Ganaba el Getafe y había que aguantar, pero el empate también valía y todo estaba a favor para lograr el objetivo. No flaqueó el celtismo , que a pocos minutos del final ya entonaba la Rianxeira y el Miudiño, sabedor de que estaba prácticamente hecho, y el equipo sumó tres puntos para sellar su segundo billete consecutivo a Europa League. A partir del pitido final, todo fue euforia, cánticos y celebración. Dentro y fuera del estadio. La praza de América esperaba.