Friburgo-Celta: hermandad en el feudo de la pasión

Xosé Ramón Castro
x. r. castro FRIBURGO / E. ESPECIAL

GRADA DE RÍO

Los jugadores del Celta, en el momento de saludar a su afición en la grada visitante del Europa-Park Stadion de Friburgo.
Los jugadores del Celta, en el momento de saludar a su afición en la grada visitante del Europa-Park Stadion de Friburgo. UEFA

Las dos aficiones fueron de la mano durante toda la jornada, con intercambio de bufandas y cánticos compartidos antes de entrar a un estadio que ruge al compás de su mítico fondo

09 abr 2026 . Actualizado a las 23:34 h.

Amigos, muy amigos fuera, pero ruidosos como nadie. Así son los aficionados del Friburgo, que construyendo en poco más de un día una hermosa hermandad con los más de 800 celtistas desplazados a la capital de la Selva Negra, pero que en el campo demostraron los motivos de que el Europa Park Stadion sea semejante fortín. Lo suyo es puro espectáculo. Educados hasta la médula, pero igual de volcánicos no cuando el balón se pone en juego, sino mucho antes.

Después de la página negra de Lyon, Friburgo fue el paraíso. Una eliminatoria entre dos aficiones que no están hermanadas, pero que lo parecían. Durante la previa unieron sus cánticos para hacer del fútbol un himno universal, se intercambiaron bufandas y hasta se pagaron rondas en el corazón de la ciudad. A medida que avanzaba el día, el rojo y el blanco, los colores del conjunto local, se iban apoderando de la ciudad y, cuando tocó la hora de ir al estadio, se convirtieron en marea.

Tal es el poder del fútbol que, incluso en la ciudad más sostenible de Europa, de repente aparecieron los coches y el atasco hacia el estadio se hizo eterno. Lo que el día anterior era un cuarto de hora de trayecto se multiplicó por tres. Por una razón tan sencilla como que dos horas antes del inicio del encuentro, el fondo sin butacas del Europa Park-Stadion ya estaba completo. Justo enfrente de un córner celeste, con los más de ocho centenares de aficionados del conjunto vigués alentando a los suyos desde que saltaron al campo... pero todavía en ropa de calle. El primer rugido de la noche llegó en el fondo germano cuando Atobulu, el larguísimo portero, salió a calentar.

Como era de esperar, los aficionados del Celta se dejaron la piel durante el partido, si bien apenas se pudieron hacer oír ante un griterío ensordecedor en pleno éxtasis balompédico. Las aficiones del Celta y del Friburgo, igual que sus equipos, viven en estado de felicidad. Los alemanes pisan los cuartos de final de la Europa League por primera vez y, para ellos, todo es una fiesta. Para los celestes es la quinta vez, pero están igual de felices con una temporada para enmarcar, con un equipo de autor y con los canteranos enarbolando la bandera de todos.

El próximo jueves, día 16 (18.45 horas, Movistar Liga de Campeones), en un encuentro de máxima dificultad en lo deportivo, podrán devolver las arrobas de hospitalidad.