Todos los caminos conducen a Friburgo

Xosé Ramón Castro
X. R. CASTRO FRIBURGO / E. ESPECIAL

GRADA DE RÍO

El celtismo luce sus colores en la ciudad alemana horas antes del partido de ida de cuartos de final de Europa League

09 abr 2026 . Actualizado a las 18:11 h.

Desde Tomiño, desde Praga, desde O Grove, desde París, desde Lalín y, por supuesto, desde Vigo. Todos los caminos del celtismo conducen a Friburgo. En su casco histórico, con la catedral presidiendo un mercado medieval, lleno de puestos de todo tipo aunque especialmente comida, se fueron dando cita los aficionados del conjunto vigués, dándole un toque celeste a la mañana luminosa de una ciudad con clima atlántico y un silencio que solo romper los cientos de canales que surcan las calles.

Santi, de Tomiño, llegó desde Madrid vía Ginebra y unas seis horas de autobús para llegar a la capital de la Selva Negra. Arribó a las seis de la mañana y esperó casi seis horas en la puerta del hotel de concentración del Celta para ver salir a los jugadores. Lo hacía con la camiseta de Pablo Durán, el primero que saludó y con el que se fotografió. «Pablo é un referente para Tomiño, é coñecido, aínda que eu estudei coa súa curmá», decía. Y no fue el único tomiñés, porque varios grupos se dejaron ver por el empedrado. Síntoma claro que el Búfalo mueve masas. Desde Barcelona llegó otra familia con dos niños que también esperó a pie de hotel para hacerse una foto.

Toda la comitiva celeste se dio una vuelta por las adoquinadas calles de la localidad, comenzando por Marián Mouriño un poco antes de subirse a un coche para la recepción oficial. A la misma hora, el celtismo comenzaba a reunirse cerca del denominado nuevo ayuntamiento, con apariencia de tan viejo como el que jubiló y mientras en su interior tenía lugar una boda, Le-Chuzas Celestes y Siareiros Dezaos compartían sol. Habían viajado a Bérgamo y desde allí se metieron la paliza en coche para llegar a tiempo a Friburgo. En coche, también, llegaron desde Basilea los grovenses Héctor, Sebas y Jorge, nieto, padre y abuelo. Tres generaciones de una misma familia unidas por el mismo sentimiento.

Pero quizás lo más increíble de la pasión que desata el celtismo es la historia de cuatro estudiantes de Erasmus en Praga, que se metieron doce horas en autobús, con un trasbordo adicional de una hora a mayores para estar en el partido. Dos, Andrés y Paula son del área de Vigo y celtistas, pero Lucas es un alicantino y David, un emeritense. «Nos están metiendo el celtismo por las venas», dice el extremeño. Los cuatro, ya hicieron un viaje semejante para estar en Lyon.

Casi todos ellos pasaron por un pequeño punto de encuentro, la tienda (nada ostentosa) del Friburgo en pleno centro en donde las bufandas a 20 euros se las quitaban de las manos a los dependientes. Para ondearlas esta tarde en el Europa Park Stadion.