El equipo celeste llegó en avión a Basilea y se desplazó a Friburgo en autobús
09 abr 2026 . Actualizado a las 18:12 h.Friburgo es la ciudad de las bicicletas y los tranvías. La capital de la Selva Negra recibió este miércoles al Celta con un día luminoso, primaveral, con la temperatura propia de Vigo, para que los célticos se sintiesen como en casa durante su estancia.
En Peinador, hubo despedida celtista, con un reducido grupo de cazaautógrafos en la terminal del aeropuerto aguardando a sus ídolos antes de que se subiesen al avión. Y después de dos horas y diez minutos de vuelo, la expedición llegó a Basilea, donde tuvo un tímido recibimiento con aficionados ataviados con la camisetas celestes, y a Friburgo, donde la sensación era de que el partido de ida todavía no ha entrado en las vidas de los ciudadanos locales.
La localidad germana vivió un día de lo más normal, con trajín en las calles, pero más de bicicletas que coches, con ciudadanos de manga corta y con los tranvías cruzando las vías verdes a paso de tortuga, como si el tiempo se detuviera y todo fuera a cámara lenta. Eso sí, este jueves se pondrán en modo fútbol y llenarán un campo para 34.700 espectadores, con los fondos de pie. El estadio, cerrado por completo, pasa por ser uno de los más complicados de la Bundesliga, como comentó el propio entrenador del líder el pasado sábado.
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— Grada de Río (@gradaderio) April 8, 2026
El Celta se alojó en un hotel en el centro. Muy cerca de la zona histórica de la ciudad, nada que ver con la zona alejada que habían elegido en el anterior desplazamiento continental a Lyon. En ese céntrico enclave se pudieron mover por la ciudad el tiempo que el fútbol les dejó libre.
Al frente de la expedición celeste viajó Marián Mouriño, la presidenta, con la sonrisa permanente. En Peinador, dio su punta de vista sobre el partido, en el vuelo estuvo pendiente de todo y cuando el equipo llegó a Basilea, fue igual de reclamada que los jugadores por los aficionados que esperaban en el aeropuerto que da servicio a tres países. Cuando el equipo se subió al autobús, la presidenta ocupó el primer asiento detrás del conductor y en Friburgo, fue la primera en bajarse. Dice Marián Mouriño que portaba la ilusión y el sentimiento del celtismo, la vitamina para pensar en un buen resultado en el partido de ida esta noche.
El último momento del primer día en Alemania fue el entrenamiento oficial. Los alemanes, tan exactos para todo, hasta utilizaron el marcador para hacer una cuenta atrás de la hora de entrenamiento que por ley le corresponde al equipo visitante. Los vigueses salieron con un par de minutos de retraso, escucharon la primera arenga de Claudio Giráldez y, tras un sonoro aplauso, se activaron sin enseñar sus cartas.
Todo, bajo la atenta mirada de Marián Mouriño y todo su séquito, incluidos el expresidente Carlos Mouriño y los dirigentes del club. El Celta pretende ser una familia en todo. Dentro, a pie de campo y fuera. Y parece haberlo conseguido.