Tras un mal inicio, los vigueses ven como una oportunidad en el primer duelo continental en Balaídos
02 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Claudio Giráldez quiere poner de nuevo la música en el Celta y en este caso eligió la sintonía de la Europa League para que vuelva la fiesta a Balaídos, un escenario que revive hoy, más de 3.000 días después, sus noches continentales. El técnico de O Porriño sabe que el himno de la segunda competición continental, cuya última versión fue compuesta por el alemán Michael Kadelbach en el 2015, sonará cuando su equipo salte al campo, pero sobre todo, desea que sus aficionados abandonen las gradas tarareando el estribillo a la conclusión de la contienda ante el PAOK de Salónica, un histórico del fútbol griego que no falta a su cita con las competiciones europeas desde el año 2009.
«Todos queremos jugadores de casa, jóvenes, baratos, buenos chavales, que jueguen bien y ganen (...). Estábamos en una fiesta, la música no suena y se han encendido las luces. Tenemos que mantenernos dentro del bar; volveremos a poner la música y a apagar las luces». La rebuscada metáfora del entrenador resume el tránsito de un Celta inmerso en un mar de dificultades en el presente ejercicio, sin una victoria que anime el personal y prolongue el jolgorio celeste, con respecto al equipo que el curso pasado acabó celebrando su clasificación continental en Praza América. Aquel 25 de mayo, domingo, se apagaron las luces del éxito y ahora toca encenderlas de nuevo: recuperando el juego y celebrando el primer triunfo en el noveno intento (siete partidos de liga y dos de Europa League).
Pero el responsable de poner la música en el Celta no quiere cambiar de compás. Al contrario, pretende que los suyos reinterpreten su ideario balompédico ostentando la posesión del balón, jugando en campo contrario, sometiendo al rival y, sobre todo, siendo certeros en las dos áreas. Y sin renunciar a su política de rotaciones y a su manera de ver el fútbol, algo innegociable. La principal noticia en la convocatoria en la vuelta de Carl Starfelt, pero está por ver si el central sueco salta de inicio.
La cita se presenta como el escenario ideal para recuperar el ritmo. Dada la situación actual en la liga, Europa podría ser un problema para el Celta, pero la contienda de esta noche se puede ver como un bálsamo y una posibilidad para ganar el primer partido oficial para vaciar la mochila de la presión que comienza a cargar de piedras en las espaldas de los célticos. A diferencia de la competición doméstica, la Europa League se presenta como una competición para disfrutar, pero compitiendo y ganando.
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Porque la emoción que supone que el himno grabado en Berlín vaya a sonar en Vigo no puede tapar la necesidad de resultados de un Celta con muchos actores del curso pasado, pero en una versión menguada. Por eso, la fiesta de esta noche necesita un final feliz. No por aumentar la esperanza de vida en la Europa League, que en estos momentos es una cuestión secundaria, sino por llenarse de confianza.
La última victoria del Celta en la competición continental data del 13 de abril de 2017, cuando los vigueses superaron al Genk en Balaídos por 3-2 en un intenso partido con goles de Pione Sisto, Guidetti y Iago Aspas, el único superviviente del último Celta europeo. Si hoy los tres puntos se quedan en casa, el bar de Giráldez volverá a accionar los focos de neón. Con los canteranos en la pista.