100 años de la leyenda de Pahíño

M. V. F. VIGO

GRADA DE RÍO

CEDIDA: FAMILIA FERNÁNDEZ GOBERNA

El hijo pequeño del primer gran nombre propio de la historia del Celta recuerda a su padre, nacido en 1923 como el club; su centenario se cumple este sábado

18 ene 2023 . Actualizado a las 20:49 h.

El pasado viernes, en el inicio de la celebración del centenario del Celta, en la grada de Río de Balaídos se exhibió un tifo con los rostros de algunas de las principales leyendas del club. El más lejano en el tiempo era un mito al que gran parte del celtismo ya no vio jugar, pero cuyo nombre no se le escapa a casi nadie que conozca la historia celeste, aunque sea de forma superficial: Manuel Fernández Fernández, Pahíño. Y si la entidad alcanza los 100 años el próximo 23 de agosto, unos meses antes nació el. Su centenario se cumple esta semana, el 21 de enero.

Su hijo pequeño, Nacho Fernández Goberna, forma parte de ese grupo de quienes no lo vieron jugar. Pero él tuvo el privilegio de conocer de su boca muchas anécdotas y vivencias y, sobre todo, de aprender de la personalidad y los valores del que define como «una rara avis» en el mundo del fútbol. Pahíño comenzó a jugar en el Arenas de Alcabre pero, desde el máximo respeto a ese club, su descendiente dice que «en el Celta empezó todo». No lo perdió de vista mientras vivió. Fallecía el 12 de junio del 2012, a los 89 años.

Nacho recuerda que el fútbol tuvo un lugar importante en su familia. «Por una parte, mi padre nos contaba las historias de los equipos en los que estuvo; por otra, él siempre fue un ávido seguidor de este deporte, con lo cual siempre estuvo presente», rememora. Considera que si algo destaca de él es el hecho de haber sido conocido como «el delantero rojo, porque era un hombre de izquierdas que leía a autores rusos como Dostoyevski o Tolstoi».

En ese sentido, una de las anécdotas que más recuerda Fernández Goberna es la que desencadenó que no tuviera apenas recorrido en el combinado nacional pese a ser pichichi en la liga. «Entró al vestuario en un partido contra Suiza un general y les dijo que había que jugar ‘con cojones y españolía’. El comentario era para reírse y hacerlo fue la antesala de su adiós», señala.

Nacho tiene una teoría que no cree que sea «nada descabellada» sobre la suerte que corrió su progenitor en plena época franquista. «Creo que la popularidad que tenía como jugador de fútbol es lo que, de alguna manera, le protegió. No me imagino cómo podía ser eso de estar considerado como un señor de izquierda en los 40», analiza. Fueron años «muy intensos» en lo futbolístico en los que, tras el Celta, pasó por Real Madrid, donde también hizo historia; Deportivo y Granada. Sin renunciar nunca a sus ideas ni esconderlas.

Su hijo asegura que Pahíño «sintió a todos los equipos en los que estuvo», pero el Celta se lleva la palma. «Es especial, porque mi padre era muy de su tierra, y lo digo con mucho orgullo. Aunque desde que dejó el fútbol estuvieron viviendo en Madrid y en San Sebastián, donde yo nací, a él le tiraba mucho Galicia, su ciudad y su equipo», sostiene. No olvida que nació en San Paio de Navia —hoy, el campo de fútbol del barrio lleva su nombre— y que el mote viene de un error al reflejar el apodo de su familia, que era en realidad paíño, sin h, por el ave con ese nombre.

Nacho desea al Celta en el año que lo es también del centenario de la entidad «otros cien años siendo un club tan bonito como en los primeros cien y que mantenga ese espíritu de amor a la ciudad y a los colores» que su padre no perdió nunca. Sabe que Pahíño estará presente en ese centenario que comparten. «Su figura es suficientemente bonita y poderosa y lo que se ha escrito sobre él habla por sí mismo».

«Su legado está en la historia; me enorgullecen más sus valores que sus goles»

Ante la pregunta de si siente que su progenitor ha sido reconocido como merecía a lo largo de los años, el menor de los hijos de Pahíño confiesa que le lleva a «dos respuestas casi contradictorias», pero se decanta por el sí. «Pienso que dejó un legado, que está en la historia del fútbol por una serie de circunstancias, porque era un goleador en el sentido más épico, muy potente», indica. La duda le surge porque «esas referencias casi legendarias de los comienzos del fútbol, de las primeras décadas, quizás no tengan tanto eco ahora», en un fútbol actual «radicalmente diferente al de entonces».

Fernández Goberna, en todo caso, está mucho «más orgulloso de los valores» de Pahiño que de sus goles, aunque sean también motivo de satisfacción. «Desconozco que haya habido otro jugador que tenga dentro de su trayectoria ese devenir y bagaje histórico en lo relativo a la política en época de posguerra que hemos comentado. Eso hará que siempre trascienda», reflexiona. Además, recuerda que todo lo que sabe del Manuel Fernández futbolista es referencial, lo que ha leído y le han contado —incluido el protagonista—, pero lo que más le llena es «el ámbito personal, sus valores y principios».

CEDIDA: FAMILIA FERNÁNDEZ GOBERNA

«Nuestra familia lleva Galicia y al Celta en las venas»

El cariño de Pahíño por el club celeste era «inmenso», proclama su hijo sin dudar. «Por supuestísimo. Sin el Celta, no creo que hubiera llegado a nada», apunta al tiempo que relata que aunque al vivir en San Sebastián, llevaba a sus hijos a ver a la Real en Atocha, estaba permanentemente pendiente del conjunto vigués. «No tengas la más remota duda. Más allá de cualquier competición entre los diferentes equipos en los que estuvo, el Celta fue el comienzo de todo», sin olvidar a un Arenas de Alcabre al que Fernández Goberna también tiene siempre muy presente.

Ese sentimiento por el Celta también se lo transmitió a la familia que creo. «Él era celtista sí o sí y yo, más allá de que mi equipo es la Real porque nací en Donosti, tengo un vínculo emocional con el Celta. No solo es algo deportivo, mi familia y mis raíces vienen de allí. Lo llevamos metido en las venas aunque no hayamos nacido allí», cuenta. No solo por vía paterna, sino que su madre, Inés Goberna, era originaria de Alcabre. «Pasábamos los veranos en Galicia y no de forma constante, pero con la familia se hablaba gallego. Nuestra casa era como un consulado de Alcabre y San Paio en el Cantábrico, cerca de la frontera con Francia. Nos inculcaron ese lazo con la tierra y con el Celta».

Único pichichi del Celta

Nacho dice que no es fanático del fútbol y que su funcionamiento actual se le «escapa un poquito», pero nunca ha roto el vínculo con el club con el que su padre debutó en Primera y fue pichichi en la temporada 1947/1948 —luego, repetiría con el Madrid cuatro años más tarde—. El mismo con el que llegó a disputar 45 minutos con el peroné roto. Su hijo ha revelado en más de una ocasión que aquella hazaña la oyó de boca de su padre.

«Me gusta que el nombre de mi padre siga ligado al espíritu celtiña con una peña»

Cuando desde la peña Sempre Pahiño contactaron con la familia para poner en marcha ese proyecto, ellos estuvieron encantados «siempre y cuando se respetaran esos valores» del excéltico. Como así ha sido, constata Fernández Goberna, que sigue de cerca a la agrupación en redes sociales y mantiene contacto con algunos de sus miembros. «Hay mucho cariño para con mi padre y me gusta que su nombre siga ligado al espíritu celtiña. Estoy contento de que sea así», manifiesta.

Ese colectivo celtista vigués, nacido cuando el Celta militaba en Segunda, lleva activo más de diez años, homenajeando a una figura «de futbolista de la casa, que triunfó sin padrino, único pichichi del Celta en Primera. Expresó una opinión política complicada en pleno franquismo, tuvo problemas contractuales con el club y no se calló», explicaban a La Voz en su día.

Su sede es la tapería viguesa Elena, donde se reúnen con frecuencia.

Sempre Pahiño, compromiso celtista más allá del fútbol

Míriam Vázquez Fraga

Se definen como una peña atípica, incluso algo «díscola». De ahí que el colectivo vigués Sempre Pahiño optara por llevar el nombre de una figura mítica del celtismo a la que atribuyen esas mismas características. «Fue un futbolista de la casa, cuando eso aquí no se valoraba como ahora, que triunfó sin padrino y es nuestro único pichichi en Primera. Expresó una opinión política complicada en pleno franquismo y tuvo problemas contractuales con el club con los que no se calló», recuerda uno de los impulsores de la peña, Marco Reboredo. Además, acabó en el Deportivo, lo cual no ha sido un impedimento para homenajearle de esta manera. «Nos gusta que seamos rivales, pero no enemigos. Ojalá algún día se consiga», desea.

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