Miguel y Fran, los dos vikingos merlegos con los que Larsen celebró su gol

M. V. F. VIGO

GRADA DE RÍO

Xoán Carlos Gil

El delantero se dirigió tras marcar ante el Villarreal a dos jóvenes celtistas que llevan varios partidos acudiendo al campo con caretas con su cara y con un casco que le pusieron

14 ene 2023 . Actualizado a las 16:36 h.

El primer gol de Jørgen Strand Larsen en liga y en Balaídos quedará ligado a una imagen: la suya con el casco de vikingo y rodeado de dos jóvenes aficionados del Celta que portaban caretas con su cara y una silueta suya en cartón. Eran Miguel Barreiro Río y Fran Rivas Rodís, dos amigos abonados de 15 años de Santiago, peñistas de Merlegos Celestes y fans del delantero desde que se anunció su fichaje.

Cuenta Miguel que simpatizaron con él enseguida, pensando que era el perfil de jugador que necesitaba el equipo, y decidieron apoyarle de una manera especial. «Al principio, solo llevábamos los cascos vikingos, pero nos supo a poco y a partir de ahí, empezó lo demás: las caretas y la réplica que estrenamos el día de Osasuna», señala. En este caso, llegaron al partido bastante pillados y no pudieron estar en el calentamiento. Pero que el céltico se fuera a donde estaban ellos no es casual. «Nos ve siempre en el calentamiento desde el primer día que vino. Nos vio al salir al campo y creemos que un gesto que hizo a la grada era para nosotros», indica Fran.

El hecho de que luego corriera a donde estaban para abrazarse a ellos parece corroborar esa suposición. «Nosotros siempre teníamos fe en que viniera después de algún gol. Por eso nos ponemos siempre abajo a la izquierda, donde marcó, solo por esa posibilidad de que se acercara. Aunque fuera improbable y sea una zona donde no se ve bien», desgrana Fran. Su amigo añade que alguna vez les había llegado a saludar en el calentamiento, pero «sin más», nunca lo habían tenido tan cerca.

Cuando describen cómo se sintieron en el momento en que el internacional noruego fue a celebrar con ellos, ambos apuntan que se quedaron «sin palabras». «Nos quedamos hipnotizados, no sabíamos cómo reaccionar. En las imágenes se puede ver cómo gritamos sin parar y lo único que pensamos fue abrazarlo sin parar como el resto de aficionados», dice Miguel en referencia a los demás celtistas que tenían a su alrededor. «Fue espectacular. Llevábamos meses animándole y se cumplió nuestro sueño».

Fran también utiliza el adjetivo «espectacular» cuando narra el momento que compartieron con su ídolo. «No nos lo esperábamos para nada. Vimos cómo venía directo un vikingo padre de dos metros corriendo hacia nosotros y nos hizo mucha ilusión», detalla. Revela que habían hablado de que si eso sucedía, le pondrían una de las caretas, pero al final no repararon en ello. «En ese momento, pensamos en todo menos en eso. La adrenalina era mucha», agrega. Lo confirma su amigo: «Saltó la valla hasta llegar a donde estábamos y fue un sueño cumplido, los diez segundos más impactantes desde que vamos a Balaídos».

Peñistas de la agrupación compostelana Merlegos Celestes, suelen acudir al estadio acompañados de sus hermanos mayores. «Como vikingos», dicen ellos, llevan acudiendo desde la séptima jornada. «Con el Mundial, no pudieron ser muchos partidos, pero en todos los que fuimos, no paramos de animar tanto al equipo como a Larsen, siempre yendo de vikingos. Es nuestra manera de alentarle», afirma Miguel, que añade: «Vikingos solo hay dos... Bueno, ¡ahora tres! Nuestros hermanos animan más en global, no son tan fanáticos».

Fran agradece, además, a unos chicos que estaban cerca y que en vez de estar con Larsen, grabaron el momento de los jóvenes aficionados junto a él. «Nos felicitaron por nuestra celebración con Larsen», agradece. Miguel apunta, a mayores, que les agarraron para que no se cayeran al campo a la hora de celebrar. Ahora, les gustaría que Larsen les pudiera dar una camiseta antes de que acabe la temporada. Sería otro sueño cumplido.

Una tarde-noche a la que solo le faltaron dos puntos más

LA VOZ

La fiesta en la tarde de ayer en Balaídos por el inicio del centenario de Celta fue in crescendo desde que comenzó a sonar la música a las cuatro de la tarde y hasta el inicio del partido, con el recibimiento como momento culmen. La afición respondió en masa a la convocatoria en una tarde festiva en la que las colas por las bufandas del centenario, reservadas a abonados menores de quince años, fueron madrugadoras -aunque avanzaban rápido-.

Las primeras horas de la previa fueron para los más pequeños. Hinchables, globos y pintacaras, aparte de las bufandas, hicieron las delicias de los miudiños. Y algunos de los mayores se pasaban por la cantina de Tribuna, pero eran los menos. Desde allí se escapaban algunas mirada hacia los avances de Marcador, cuyas obras estaban a pleno rendimiento en ese momento.

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