El increíble Celta de Coudet

Julio Álvarez- Buylla VIGO

GRADA DE RÍO

Alejandro García

18 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Increíble final de Liga. Hay que regodearse en el momento, vivirlo, sentirlo y disfrutarlo. El Celta ha asegurado su presencia matemática en el G8 de la Liga y lo ha hecho a lo grande, ganando en el campo del Barça cuando este nada más y nada menos se estaba jugando la Liga.

Ya no quedan muchos más elogios que escribir sobre un equipo que ha madurado vertiginosamente en los últimos seis meses. Un crecimiento colectivo e individual que se afianza en cada partido y que nos deja ansiosos de cara al comienzo de la próxima temporada. De los refuerzos ya no se habla y de los conflictos, tampoco; la resignación ha dado paso a la alegría y a la esperanza. Resultados y fútbol.

Y eso que el comienzo del partido podría ser un ejemplo de la dificultad que muchas veces tiene para los entrenadores ejecutar el perfecto plan de partido que uno cree tener. Un encuentro de fútbol es un juego de oposición cuya suma de acciones individuales y colectivas está condicionada por muchas circunstancias sobre las que se intenta tener el control, pero que no siempre se tiene y mucho menos en su totalidad.

Así que, fuese por las urgencias del rival o por la necesidad de adaptación a un escenario como el Nou Camp, los celestes se vieron abrumados por los azulgranas en los primeros treinta y cinco minutos. Probablemente el plan de partido de los celestes era el de siempre, pero el fútbol es un juego de oposición y el rival también juega. Así que mientras Coudet se afanaba en sacar a los suyos de campo propio, el empuje del rival acabó con los celestes en repliegue intensivo, acumulando jugadores, pero sin la intensidad necesaria para imponerse en los duelos individuales y sin la organización necesaria para llegar a tiempo en las ayudas defensivas.

Así las cosas, el Barça hacía daño buscando la superioridad por dentro para lanzar a Dembélé y Alba por los costados, obligando a Nolito y, sobre todo, a Brais a actuar muy cerca de la línea defensiva. Con tantos metros por delante y con la eficiente presión tras pérdida de los catalanes, la sensación de la primera media hora era que el partido prácticamente se jugaba en mitad de campo. Pero los caminos del fútbol volvieron a mostrarse inescrutables y cuando los vigueses apenas habían respirado una vez para tomar aire, Mina da un giro emocional al partido.

Los celestes, conocedores de que el paso de los minutos jugaría a su favor, fueron creciendo en la segunda parte. Salieron con bloque alto y empezaron a tener el balón, aunque la llegada de las ocasiones locales provocó que los celestes se volvieran a proteger en su campo. A falta de veinte minutos para la conclusión, la presencia de Augusto Solari y la ausencia de Dembélé apuntaló la mejora de unos y dejó tocados a los otros a quienes poco a poco se les escapaba el tiempo. La habitual expulsión de Lenglet y la fe de un pletórico Mina ponen nombres y apellidos a la cara y cruz de un final de partido de resultado tan sorprendente como meritorio.