Y Brais saltó del Apolo


No es extraño que a un equipo que rota tan poco le acaben castigando las lesiones musculares. Lo paradójico es que caigan como moscas, en siete días, los cuatro futbolistas que más minutos llevan en la chepa. Con Mallo todavía resolviendo lo suyo, ganarle al Levante pareció una de vaqueros. Te quedas sin roomba. Te quedas sin Aspas. Y te quedas con diez porque Murillo tampoco resiste. Tantos puntos como enfermos. Hay victorias con facturas más caras que una terraza en Ibiza.

Si las lesiones se quedan en pataca minuta, que diría Caneda, averías con pronta redención, el Celta puede estar más que satisfecho. Y guardar en la videoteca del salón otra de esas genialidades que se ven emborronadas en las crónicas cuando los sucesos aprietan como esta vez. Esa pelota de Aspas en el segundo preciso. Ni una décima antes, ni una centésima después, para habilitar y evitar el fuera de juego en el desmarque de Brais. Y el toque supremo de Méndez con la izquierda, delicado, preciso, elegante, mortal. Cuando el fútbol deriva en fantasía, si pestañeas, te lo pierdes.

Brais quería ser mediapunta, pero el puesto se extinguió. Hace años, los clubes tenían más mediapuntas que balones. Hoy harán un documental con los que sobreviven. Brais se adaptó a la banda y a tener que defender tanto o más que atacar. A estar más en el atasco que en la resolución. Debió acostumbrarse a permanecer muchas veces en segunda línea, mientras en el festival de los últimos metros tocan otros. Todo sea por no romper el equilibrio, aunque aparente a veces generarle frustración.

A Brais le pasa un poco a lo que a Michael Collins, al que acaban de enterrar. Collins recorrió 386.000 kilómetros por el espacio durante 76 horas para quedarse mirando desde el Apolo 11 como Neil Armstrong y Buzz Aldrin se daban un garbeo televisado por la luna. Armstrong se llevó toda la fama, por aquello de poner un pie antes, pero Buzz al menos puede decir que también la pisó. Collins tuvo que quedarse en órbita, empantanado a los mandos del Apolo durante 20 horas, no fuera a ser que la nave tomase la de Orión y les dejase allí colgados. Que vaya sería. Montar aquel sarao para ver a los héroes luego consumiéndose entre cráteres.

«Desde tiempos de Adán, ningún humano ha conocido una soledad como Mike Collins» recogió el diario de la misión. Brais debe sentir muchas veces una nostalgia parecida. Tener el área tan cerca y tan lejos a la vez. Añorar su sitio en la foto final de dibujos animados. Brais saltó del Apolo para colgar su guante de la bandera.

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