El fruto de trabajar como si cada día fuera el más importante del año


El rendimiento de Kevin Vázquez en las circunstancias en las que jugó contra Osasuna es una muestra de lo que es él como jugador. Se trata de un futbolista que sin a lo mejor tener el mayor talento a nivel técnico u ofensivo, es súper competitivo y en cualquier oportunidad que le das para competir, está al nivel.

A nadie que le conozca le sorprende pese a que hayan coincidido dos factores: por un lado, la competencia de Hugo Mallo y, por otro, el tiempo parado por lesión. Ante un competidor que es el capitán, un símbolo del club y, además, muy buen jugador, a veces los futbolistas nos hacemos un poco pequeños, y no es su caso. Después, es curioso el tema de cómo vuelve de las lesiones, al máximo nivel desde el primer día como si no hubiera estado parado, porque ya en el filial le pasaba.

Creo que el Celta es consciente de esas virtudes. Tener a Kevin no es tener a un futbolista que puede ser una caja de sorpresas y que piensas «a ver qué tal le va al chaval». No, tener a alguien como él en plantilla te permite saber que cuando lo necesites, va a cumplir. Es un jugador hecho que compite y lo da todo en todas las circunstancias.

A su favor juegan tanto el factor físico como el mental. Siempre ha sido de ese tipo de personas que se dan golpes y aunque tengan molestias, pueden seguir jugando; luego, a nivel mental, es capaz de superarse día a día por fuerte que sea su competencia y estar preparado para cuando le toque, como se volvió a ver en este partido.

Decía Coudet que juega como entrena y es verdad. Con Kevin, podías ir tú tranquilo en un rondo del viernes, que suele ser el día más relajado, y ya se encargaba él de espabilarte. Tiene ese nervio, esa forma de ser que le ha permitido llegar a donde está sin que nadie le haya regalado nada. Se lo ha ganado a pulso, con la capacidad y mentalidad que mantiene temporada tras temporada. Para él, todos los días son el más importante del año y eso se transmite.

Yo estaba convencido de que llegaría al primer equipo. Compartíamos habitación y recuerdo una conversación con él en Cartagena, antes de nuestro último partido juntos. Él lo veía negro, porque es verdad que hizo varios buenos años y vio cómo a otros compañeros les llegaba la recompensa y a él no. Pero es parte de su proceso de ser quien es ahora. Ha persistido mucho haciendo las cosas bien en el filial para llegar al primer equipo.

Sus lágrimas tras el partido ante el Athletic reflejan su esencia, puro sentimiento de alguien que lleva yendo a Balaídos desde niño y para quien defender esa camiseta tras años persiguiendo el sueño es especial. Quienes le conocemosm nos emocionamos con él y estamos orgullosos. Todo el mundo que ha jugado con Kevin se alegre de verle donde está y lo que ha conseguido. Se lo ha currado y le quedan muchas más cosas que conseguir.

Por Rai Marchán Exjugador del Celta B

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