Coudet reafirma el ser por encima del parecer


Vigo

El Celta ha conseguido igualar la puntuación final del año pasado a falta de 9 partidos para la conclusión del campeonato y tan significativo dato es un reflejo claro de lo que han cambiado las cosas con Coudet. La llegada del argentino ha revolucionado el vestuario en el ser y en el parecer. Los vigueses han pasado de parecer querer cambiar una dinámica negativa a ser capaces de hacerlo, de parecer querer presionar en campo rival a ser capaces de hacerlo y han pasado de parecer un equipo a serlo. Con sus debilidades y fortalezas, obviamente.

Esta milagrosa evolución, de la que muchos dudábamos (me incluyo), ha convertido este final de liga en una oportunidad. Una oportunidad para crecer en el proyecto, para construir un futuro afianzando el presente con un buen final de temporada y, sobre todo, para alimentar la necesidad de ganar, de acostumbrarse a ganar, el hambre de un grupo por seguir creciendo con vistas en el futuro.

El fútbol y sus planteamientos se mueven por «modas» y llama la atención cómo a día de hoy posicionarse en bloque alto y presionar en campo rival se ha convertido en tendencia. Hace no mucho tiempo los equipos, sobre todo los más modestos, preferían replegarse y entregar la iniciativa al rival para sorprenderle a la contra. Eran tiempos. Ahora cada partido es un pulso, un cuerpo a cuerpo, entre quien quiere iniciar combinando y quien quiere robar en campo rival para ejecutar la rápida transición. Y claro, no es sencillo sacudirse la presión de cualquier equipo que lo haga con convicción y cierto orden, por lo que de área a área se repiten los riesgos y se repiten los errores que acaban con el balón en los pies del rival, provocando en muchas ocasiones que estas pérdidas en campo propio condicionen el resultado o, en el mejor de los casos, el devenir del encuentro.

Ante esto, la duda podría ser ponderar si la mejor opción es dotar a tu juego de otras alternativas en espera de que el desgaste físico del rival disminuya la efectividad de la presión o mantener el estilo definiendo ciertas zonas o situaciones en las que se deban limitar los riesgos asumidos. En cualquiera de los casos, trabajar cómo se ordena el equipo para defender situaciones que en muchos de los casos suelen suceder en igualdad o incluso inferioridad numérica parece ser condición necesaria.

Y tal vez una de las claves del partido estuvo en que los victorianos se dejasen llevar por sus dudas para que en tan solo 7 minutos renegaran del juego directo sobre Joselu, se equivocasen en la salida de balón y regalasen el primer paso a una cómoda, que no fácil, victoria. Los siguientes 12 minutos se podrían considerar un compendio de las virtudes actuales de los celestes. Posicionamiento avanzado, presión sobre el poseedor buscando la superioridad, verticalidad, progresión, finalización y un Iván Villar que paró la que tuvo Rioja para convertir en incertidumbre un arranque de partido que todo entrenador quisiera para sí. Pero 70 minutos por delante son muchos y partiendo de esa gran ventaja, lo que más puede temer el entrenador es lo que pueda pasar hasta el final del partido: relajación, acumulación de tarjetas, expulsiones, lesiones o incluso los goles del rival que los pueden meter en el partido y convertir en sufrimiento los minutos finales. Algunas de estas cosas sucedieron, pero se sumaron tres puntos de optimismo. Que ya se echaba en falta.

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