La varita de Iago, la pistola de Luis

GRADA DE RÍO

SERGIO PEREZ

Mina marca y Ferreyra debuta con gol en un choque decidido por los delanteros

09 feb 2021 . Actualizado a las 01:06 h.

Ni Rubén ni Oblak dejaron una sola intervención. Cuatro veces fue la pelota entre palos y las cuatro coqueteó con la red. Atlético y Celta hicieron una alegoría a la eficacia. Marcó Mina, un gol que le consolida ahora que llega la competencia. Se fue abajo en plancha, de cabeza, con la habilidad precisa para orientar el buen centro de Mallo. Santi vive de un trabajo incansable como escudero de Aspas. Pero cualquier delantero precisa encontrarse de vez en cuando con el gol.

La lupa vigilaba a Iago y a Suárez. Los recortes de prensa previos ensalzaban su poderoso presente y su pasado en común. De Luis no supimos nada hasta que miramos el reloj para echarle cuentas al descanso. La única que tuvo, tras combinación entre Correa y Llorente, la arrastró con la derecha fuera del alcance de Rubén. Bum.

Si en Barcelona calibraban las reservas de pólvora del uruguayo, la «cagada», en boca de Aspas, es mayúscula. Y si no supieron medir lo afilado que mantenía el colmillo, a la vuelta del vestuario del Metropolitano, les dio otro sopapo. El dieciséis. Esta vez le vino desde la izquierda, con bandeja de Lodi, para un remate no tan sencillo de ubicar con la diestra. Otro bum.

A Iago, el parón de la lesión le sigue pasando factura. La décima de segundo que necesitó de más para armar el disparo frente a Oblak, en su mejor opción para marcar, le llegó a Kondogbia para pasar la escoba. De esas, con la puesta a punto completa, perdona pocas. En el segundo tiempo, con la variante que introdujo el Cholo reforzando la zona ancha y prescindiendo de su línea de tres centrales, al Celta el partido se le volvió incómodo. Se dejó parte de la posesión y las llegadas al área rival se fueron diluyendo. Mina daba síntomas de cansancio, tras ese despliegue de carreras al que nos acostumbra en la presión, Aspas se alejaba de Oblak y Suárez se probaba como asistente. Tapia estuvo raudo y evitó que Koke sumara para el uruguayo un nuevo servicio de gol.

El Atlético buscó el tercero con esa cadencia que acostumbra con el marcador a favor. Sin demasiado ahínco ni demasiado freno. Simeone, comprometido por las bajas, solo hizo un cambio. Coudet, comprometido por una plantilla corta para echar el resto, dos. Ahora que se consienten cinco relevos por equipo, tres hubiesen sido demasiados para ambos.

Entraron Solari, primero, y Ferreyra, después, para demostrar que lo que el mercado invernal ha concedido al Chacho viene con sus galones. El Metropolitano estaba a punto de bajar las luces y Iago buscó en la chistera. Un pase interior, filtrado con la varita del que siempre guarda un recurso en el bolsillo, habilitó a Solari dentro del área para que el argentino le mandase a su compatriota un regalo sobre la línea de gol. Ferreyra remachó para anotarse en la solapa aquella frase de Julio César tras su victoria en Zela. Era cosa de nueves. Y él llegó, vio y marcó.