Primera piedra en el difícil camino de la recuperación


Vigo

El Villarreal vino con la lección aprendida y se notó. Además supo sacar partido de las ausencias de dos jugadores que siendo fundamental su presencia en ningún modo su ausencia justificaría tan rocambolesca puesta en escena como la realizada por los vigueses durante los primeros 45 minutos.

Cierto es que Tapia y Okay son de perfiles distintos, pero el turco volvió a demostrar sus dificultades defensivas para jugar por delante de la zaga y para saltar en esa presión alta que busca Coudet. Cierto es que la baja de Aspas resta en liderazgo, en la construcción del juego ofensivo y alivia al rival, pero además también obliga a desplazar fuera de su sitio a Beltrán y Brais condicionando sus prestaciones.

Sin embargo, contra el Villarreal entiendo que hubo tres aspectos claves que de alguna manera racional pueden explicar lo sucedido:

A) Si se quiere iniciar el juego y atacar en combinativo se debe tener un plan defensivo para recuperar el balón lo antes posible tras pérdida o por lo menos un plan para reorganizarte defensivamente para dar tiempo a la gente alejada del balón a replegarse e incorporarse a la fase defensiva. Tres de los cuatro goles surgen de errores en la salida del balón donde Parejo, Trigueros y Gerard recuperaron el esférico y sin oposición iniciaron sendos ataques en igualdad numérica ante una defensa abierta que facilitó los espacios a los delanteros visitantes para plantarse mano a mano con Rubén.

B) El Chacho lideró la reconversión de un equipo necesitado de creer para poder desarrollar el fútbol que llevaba dentro. El planteamiento arriesgado de presión alta y verticalidad se basa en la capacidad del futbolista para saltar o para llegar y no quedarse a medias tintas. Y esa era la sensación del cambio que teníamos. El equipo apretaba y saltaba sin dudar, sin dejar pensar al rival, incluso persiguiendo con los centrales en campo rival y era capaz de robar llegando a posiciones de finalización con muchos efectivos que multiplicaban las opciones de remate. El viernes faltó eso. Se llegaba tarde y la línea defensiva para protegerse se refugiaba en campo propio creando un espacio enorme entre ellos y Okay.

C) El Celta volvió a ser anodino en ataque. Los visitantes ataron a Denis, que sentía en Parejo una sombra que lo perseguía cada vez que trataba de iniciar el juego, y cerraron con los laterales los otros dos vértices del triángulo formado en la noche del viernes por Beltrán y Baeza, impidiendo las rápidas y precisas acciones por dentro a un toque que en las últimas jornadas habían conseguido desarbolar a un rival tras otro. La circulación de balón se volvió previsible y lenta y los visitantes solo necesitaron esperar los errores celestes para contragolpear y noquear a los vigueses con cada pérdida de balón.

Las derrotas abren los debates que cierran las victorias. El equipo es el mismo al que se alababa semanas atrás y por eso podríamos ser injustos si nos dejásemos llevar por esta semana que termina. Una semana de difícil digestión pero que no debe hacernos dudar de una realidad que nos ha sacado del pozo y que nos ha situado de momento siete puntos por encima del descenso. Si la primera piedra en el camino nos hace dudar de todo lo andado, difícilmente transmitiremos al equipo la tranquilidad y confianza necesaria para seguir creciendo. Eso sí, en fútbol ya se sabe, el resultado manda y no tiene memoria.

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