Óscar, de deseado a incómodo

El catalán, que duró 371 días en el cargo de entrenador, perdió el pulso con la cúpula y se vio lastrado por los resultados, pero deja un legado para el futuro


Vigo

Un año y cinco días. Ese es el tiempo que Óscar García Junyent ha durado en el banquillo del Celta. Se marcha con el debe de los números y la imposibilidad de dar con la tecla para confeccionar un equipo de autor, pero deja dos pilares para el futuro: la apuesta por los canteranos más emergentes y su pulso con la zona noble de Príncipe para dejar al descubierto que los problemas del Celta van más allá del ya típico cambio de entrenador.

El Celta suspiró por el mayor de los García Junyent durante años. La vieja aspiración se convirtió en realidad el 4 de noviembre del año pasado, pero a medida que fueron pasando las jornadas, especialmente desde que renovó, el deseo terminó por convertirse en una incomodidad.

Tras renovar el verano pasado con algún tira y afloja de última hora, Óscar comenzó a reclamar los refuerzos prometidos públicamente por el presidente, pero lejos de mejorar la plantilla, los vigueses perdieron nivel competitivo. Entonces, el ya exentrenador planteó un pulso con la segunda línea de poder del club asumiendo que tenía todas las de perder y, aunque mantuvo el apoyo del presidente, Carlos Mouriño, hasta cerca del final, la cuerda terminó por romper por el mismo lado con el aval de los resultados y los apuros clasificatorios.

Óscar García cumplió su cometido el primer año, aunque por los pelos. El equipo se quedó en Primera después de una buena reacción que resultó corta en la recta final. Superado el trance, apostó por un proyecto propio que incluía cambiar al menos una decena de mimbres, pero tan solo llegaron Tapia y Baeza, además de recuperar a Murillo (lejos de su mejor versión en la actualidad). Coincidiendo con el cierre de mercado, el vallesano comenzó a escribir el principio del fin. Ahí estalló después de comprobar que no había sido atendida ninguna de sus peticiones, especialmente la del delantero centro (no hay ninguno específico en la plantilla).

Al catalán tampoco le función su plan de juego consistente en control de balón, presión alta y ataque vertical y la continuidad de una determinada línea de juego fue una quimera. El equipo comenzó a pagar la deficiente planificación anclándose a la zona complicada de la tabla tras un inicio una pizca ilusionante. Se marcha con un único triunfo en nueve jornadas en un duro calendario en Balaídos.

El año de Óscar García deja un legado para el futuro en Vigo. El principal, que hizo debutar a Fontán, Gabri Veiga, Miguel Rodríguez y Sergio Carreiro, cuatro futbolistas de la cantera que deben ser pilares importantes en el Celta del mañana. El segundo, que con su pulso seguramente comenzó a escribir el primer capítulo de un Celta que después de tres años dando bandazos necesitaría una reconstrucción.

El modelo actual está fuera de toda duda en lo económico, pero esa gestión brillante en el papel no tiene correspondencia en el campo, en donde no solo zozobra el primer equipo, sino también el filial, que sigue igual de enganchado a la zona complicada de la tabla.

Óscar se marcha con la primera destitución de su carrera deportiva bajo el brazo y sin una buena experiencia de su desembarco en el fútbol español, pero también con el aprendizaje de su primer año en un banquillo de LaLiga. Como sus predecesores, el catalán no pudo burlar la guillotina de noviembre y 35 partidos después de llegar (6 victorias, 19 empates y 12 derrotas), ya forma parte de la historia el Celta, el club que le sirvió de puerta de entrada.

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