Bocanada de esperanza


Vigo

El Celta volvió a puntuar fuera de casa recuperando el pulso de la competición e incluso del buen juego. Los vigueses, que fueron capaces de superar la adversidad inicial crecieron en un partido en el que con el paso de los minutos demostraron ser mejores en todas las líneas a un rival que no mostró sobre el campo su actual desahogada posición clasificatoria.

Y esto debe ser importante porque dicha superioridad debe dejarnos concluir que si los celestes consiguen enderezar los problemas de vestuario y apuestan por una estabilidad en el modelo de juego y en quienes lo interpretan, el fútbol debería premiarnos con una posición mas desahogada. El viernes Óscar recuperó su modelo de cabecera, no solo respecto a la disposición de los jugadores sobre el campo, sino también recuperando en el once a jugadores como Brais y Denis, que deberían ser importantes de cara a esa futura recuperación. Esperanza se llama ese sentimiento.

El juego entre líneas. El Celta sacó rédito a los problemas defensivos de los ilicitanos, que no supieron parar a los celestes ni por delante ni a sus espaldas. Consecuencia del tempranero gol o no, de inicio los vigueses se encontraron con un rival defensivamente cómodo que buscó replegarse, pero dejando amplios espacios entre su línea de tres centrales y la pareja formada por Marcone y Mfulu.

El Celta lo supo aprovechar y salió combinando, buscando el desmarque de apoyo en tres cuartos bien de Denis, bien de Brais o incluso de un Aspas que cayendo al centro arrastraba a uno de los centrales, que sin ayudas y coberturas de sus compañeros dejaban espacios tan grandes entre ellos que un pase filtrado a sus espaldas era suficiente a los celestes para plantase varias veces en el mano a mano con el portero.

No fue una vez, ni fueron dos y ni siquiera el cambio de Josema por el descolocado Diego González cortó la evidente vía de agua en la retaguardia ilicitana. El Celta recuperó la verticalidad y la presión alta dejando a los locales sin balón con la única posibilidad de explotar algún despiste defensivo de los celestes que es necesario corregir. El camino está definido, ahora es necesario ser capaces de seguirlo.

Recuperación. El rendimiento de cualquier deportista no es lineal y está sujeto a diversos factores que van desde el físico al psicológico. Murillo, protagonista positivo de muchos comentarios desde su llegada, no está atravesando por su mejor momento. Si la temporada pasada un porcentaje altísimo de la mejoría defensiva del equipo se debió a la llegada del central y su buen hacer, en los últimos partidos el colombiano no está en su mejor momento y sus compañeros de línea y el equipo lo notan. El Elche no creó muchas opciones, pero las tuvo y no precisamente por su buen hacer sino por errores defensivos de los celestes. El equipo necesita el regreso de su mejor defensa.

Continuidad y rendimiento individual. Los dos interiores fueron claves en el regreso del buen juego y las oportunidades. Su aportación en la salida de balón entre líneas, pero sobre todo la llegada desde segunda línea de Brais y los pases filtrados de Denis a la espalda de la defensa ilicitana convirtieron el partido en una suma de manos a mano de los celestes contra Badía a los que solo les faltó el acierto en la definición. Un primer paso positivo, pero que debe consolidarse con continuidad en el 11 y con mayor rendimiento individual.

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