El estadio que soñó el Eurocelta en Navia

La empresa pública Xestur consideró viable, en octubre del 2000, construir un campo de fútbol en la nueva urbanización. El conselleiro Cuíña había fichado para el PP al presidente del club, Horacio Gómez


vigo / la voz

La macrourbanización de Navia pudo acoger un nuevo estadio para el Real Club Celta hace ahora veinte años. El anuncio del inicio de la construcción de miles de pisos de promoción oficial promovidos por la Xunta de Galicia coincidió con la entrega de un informe de la empresa pública Xestur hecho a petición del Concello de Vigo: ese nuevo campo de fútbol era viable técnica y urbanísticamente en el polígono residencial.

Horacio Gómez, presidente de un club que entonces triunfaba en Europa, había sido fichado por el conselleiro José Cuíña un año y medio antes como número dos del PP vigués, que perdió las elecciones frente a la coalición BNG-PSOE. Fue de la directiva celeste de donde partió la idea de trasladar el estadio a la parroquia de Navia. César Novoa, gerente provincial de Xestur, aseguraba en la información publicada por La Voz de Galicia el 12 de octubre del 2000 que había espacio suficiente, y que era un lugar con muy buenas comunicaciones. No obstante, añadía que el proyecto tenía una serie de condicionantes que tendrían que valorar muchas personas.

La prioridad de Xestur era construir unas 4.500 viviendas. En este sentido, la empresa de capital público se mostraba escrupulosa a la hora de respetar el suelo residencial, que se mantuvo inalterable. El estudio se hizo sobre la parcela central del polígono, donde se preveían todo tipo de dotaciones para los futuros residentes de la zona, unas 20.000 personas, según los cálculos de la propia Administración.

Sin embargo, el proyecto se encontró de entrada con la oposición de la Asociación de Vecinos de San Paio de Navia. «Cando se diseñou o PAU, houbo consenso sobre a edificabilidade e as dotacións que tiña que haber e ninguén planteou un estadio», afirmaba entonces Saturnino Carreira, presidente de la asociación vecinal.

La idea de construir un estadio surgió después de que la UEFA considerase Balaídos inviable como sede de la Eurocopa de fútbol. Coincidiendo con la entrada en política del presidente del Celta, Horacio Gómez, aparece Navia como posible ubicación y el conselleiro José Cuíña se sumó a la iniciativa y prometió respaldo económico por parte de la Xunta. En el Concello se creó entonces una comisión en la que participaron los concejales populares Horacio Gómez y Alfredo Rodríguez (director general del Celta), que encargaron estudios de viabilidad. El alcalde Lois Castrillo (BNG) decía que todo pasa por que alguien pusiese los 8.000 millones de pesetas necesarios. La directiva del Celta pretendía un estadio con capacidad para 35.000 espectadores, un gran aparcamiento anexo y que se diese cabida a bajos comerciales que serían gestionados por el propio club. La operación sería financiada por todas las Administraciones.

«Nunca hemos planteado Navia como primera alternativa. En realidad, hablamos de construir en Balaídos para no salir de aquí, pero contando con los terrenos anexos de atletismo. Hay una cerrazón lícita de los atletas, que no quieren trasladarse a Navia y fue entonces cuando, para desbloquear el asunto, dijimos al Ayuntamiento que si cabían pistas también cabía la posibilidad de un nuevo estadio», afirmaba Alfredo Rodríguez el 15 de octubre en La Voz. Días después, el presidente de la entidad, Horacio Gómez, manifestaba que «si todo va bien, en tres o a lo sumo en cuatro años puede ser realidad», tras conocer que el conselleiro Cuíña anunciase la inclusión de una partida en los presupuestos autonómicos del 2001 para la construcción del estadio.

La cosa comenzó a torcerse en los meses siguientes. Primero, la Xunta reclamaba al Celta que, como sociedad anónima que era, se implicase en la financiación del proyecto. A partir de entonces, y ya con las obras comenzadas, el Celta inició una campaña trasladando a sus aficionados que la Xunta y el Concello de Vigo se habían olvidado del proyecto.

En marzo del 2001, la directiva celeste ya no estaba dispuesta a esperar más tiempo por el proyecto y Horacio Gómez presentaba tres alternativas al Concello. En los tres casos, el club preveía financiar las obras, pero exigía la titularidad del estadio. La opción más ambiciosa era hacerlo en una parcela de Coto Grande. A cambio, el Celta levantaría sobre el estadio actual un multiusos, con una zona deportiva y un centro comercial, además de reubicar en Navia las pistas de atletismo. Las otras dos posibilidades eran construir un complejo nuevo en Balaídos o su traslado al PAU de Navia. La oferta de Gómez caducó ese año: «Si antes no hay acuerdo, el Celta construirá su campo nuevo fuera de Vigo», sentenciaba el presidente. Gómez se marchó y llegó Mouriño, abriendo un nuevo capítulo sobre el futuro de Balaídos que todavía se está escribiendo.

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