Contar los años de vida por años como socios del Celta

Las mellizas Marta y Rebeca Tizón; Hugo Carrero y Ana Fernández son abonados desde sus primeros días de vida como Sara Viéitez, que ha hecho lo mismo con sus hijos


Vigo

Los abonados del Celta que lo son desde que nacieron coinciden en considerarlo un motivo de orgullo. En el caso de las mellizas Marta y Rebeca Tizón, son ya 26 años, uno más que Sara Viéitez, que ya hizo socio al nacer a su primer hijo, Álvaro, y planea repetir con el que recibirá en noviembre, Álvaro, pese a vivir en Estados Unidos. En A Guarda lleva 18 años presumiendo de carné celeste Hugo Carrero, y en Vigo, Ana Fernández ya va por 16.

Mellizas y 26 años de socias

El 18 de julio de 1994 es la fecha de nacimiento de Marta y Rebeca Tizón y solo cuatro días más tarde, cuando las gemelas aún permanecían en la incubadora, se conviertieron en socias del Celta. «Ser socia desde que nacín supón un orgullo e un privilexio. Non escollín ser celtista, pero meu pai ten bo gusto e non lle saíu nada mal a loucura de facernos socias», valora Marta.

Sus primeras visitas a Balaídos, como no podía ser de otra manera, las vivieron desde bebés, y con el paso de los años han sido incondicionales del equipo, independientemente de la categoría y de que el equipo atravesara buenos o malos momentos. «Cos anos fómonos decatando de que é un pouco tolemia», admiten.

Aunque las dos se criaron del mismo modo en un hogar celtista, coinciden en señalar que Marta es actualmente más celtisa que Rebeca, que además ahora vive fuera y se ha planteado en alguna ocasión no renovar. Hasta ahora sí lo ha hecho y además tiene una cosa clara, independientemente de que en algún momento pueda dejar de haber un documento que lo acredite: «O celtismo é un sentimento que compartimos».

Tres socios de toda una vida en Estados Unidos

Sara Viéitez, natural de A Pobra, es socia desde que nació, hace casi 25 años. La pasión que le transmitieron sus abuelos caló en ella hasta tal punto que ahora lo repite con sus hijos y pese a la distancia, pues hace tiempo que se trasladó a vivir a Estados Unidos por amor, como contaba en su día a Grada de Río.

Allí nació su primer hijo, Álvaro, que tuvo su carné que le acredita como socio del equipo nada más nacer. En noviembre nacerá el segundo, Jacobo, con el que tiene más que claro que seguirá el mismo camino y será abonado en cuanto llegue al mundo. «Mis abuelos fueron los encargados de inculcarme el celtismo y yo intento hacer lo mismo con Álvaro y, dentro de poco, con Jacobo»,.

18 cumples con un mismo regalo

El pasado 17 de julio, Hugo Carrero cumplió 18 años y, por primera vez, no tuvo el regalo que nunca había faltado durante toda su vida. Porque la pandemia ha dejado al celtismo sin campaña de abonados y su carné número 18 tendrá que esperar. No tenía duda en que iba a renovar como siempre. «Nunca pensé en darme de baja, todo lo contrario, según van pasando los años vivo los partidos con muchísima más ilusión, junto a mis amigos en el campo o en casa pegado a la televisión», cuenta.

Nieto del presidente de la Peña do Baixo Miño, José Carlos Rodríguez Barros, a Hugo su abuela quería hacerlo socio ya con la primera ecografía. Y poco faltó. «Para mí ser socio del Celta desde que nací supone un orgullo. Gracias a mis padres y mis abuelos, que siempre han sido del Celta, puedo decir que llevo toda la vida yendo a Balaídos como socio, que es algo que no mucha gente puede decir», valora.

Admite que no es nada habitual encontrar gente de su edad y abonada desde que nació, aunque tenía una cerca, su hermana gemela Duna, que hace poco dejó de ser abonada. No así uno de sus primos, que está en su misma situación. «No es fácil encontrar gente que lleve siendo socia toda la vida. Sí que tengo un primo un poco más pequeño que lo es, debido a nuestra familia celtista», indica satisfecho.

16 años y sumando

Cuando Ana Fernández Vázquez vino al mundo hace 16 años -un 19 de abril-, su madre, Begoña, era presidenta de la Federación de Peñas do Celta. «Nada más nacer la hicimos socia. Somos celtistas los dos y estábamos de acuerdo. Empecé yo por mi abuelo, que me llevaba desde pequeña», cuenta. Y a día de hoy ha seguido renovando año a año sin excepción.

Su primer viaje a Europa fue a la edad de 18 meses, y sus primeros recuerdos como celtista se pierden en el tiempo. Entre los que ni siquiera puede recordar si no es a través de fotos, una de sus primeras visitas a Balaídos, en brazos de Pinto en las típicas instantáneas de los onces iniciales rodeados de pequeños celtistas. También desde muy pequeña frecuentó A Madroa la que hoy es abonada 3.531 del club vigués.

«Mi primer recuerdo es acompañar a mi madre a la oficina y dibujar, antes de entrar al estadio cuando era pequeña. Luego ir a recibir al equipo y saludar a los jugadores», rememora Ana. Tiene incluso varios álbumes con fotos del Celta que le acercan a momentos que no recuerda. «Tengo varios, desde que tenía meses a la actualidad: con jugadores, con mi madre en Balaídos o en viajes con nuestra peña, Sempre co Celta», relata.

Cuenta orgullosa que su nacimiento se reflejó también en la publicación oficial del club por aquel entonces, Celtismo. «En uno de los álbumes está el recorte del periódico donde me sacaron el día que nací, con mi madre en el hospital y donde se explicaba que mi padre me hizo socia ya entonces», indica orgullosa.

Darse de baja nunca ha sido una opción a lo largo de su vida. «Ha habido momentos muy difíciles, pero cuando tienes ese sentimiento celtista sabes que vas a estar ahí para ir a Europa o descender a Segunda», cuenta convencida. Considera que «es una fuerza, una esperanza que te impulsa a seguir animando al equipo para que den lo mejor de sí hasta el último minuto».

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