Celtismo desde Paysandú mucho antes de Maxi

Emiliano Seijo, nieto de gallegos emigrados, vive su pasión por el Celta en la distancia


Vigo

Maxi Gómez puso en su día a Paysandú en el mapa del celtismo. Como ejemplo, el perfil de Facebook de Grada de Río cuenta con 336 seguidores de esa ciudad que se empezaron a interesar por el Celta a raíz de la llegada del delantero en el año 2017. Sin embargo, no todos empezaron a estar pendientes del equipo a raíz de aquel fichaje. Porque Emiliano Seijo, de 26 años, nacido en Montevideo y residente en Paysandú, es celtista desde mucho antes.

Su conexión con Galicia viene del siglo pasado, destaca, de sus abuelos paternos nacidos en Galicia. «Mi abuelo pertenecía al municipio de A Capela, mientras que mi abuela Carmen era oriunda de Ferrol. Ellos inmigraron a Uruguay luego de la II Guerra Mundial», relata. Allí se instalaron de forma permanente, comenzaron a trabajar e hicieron su vida. «Fruto de ese matrimonio nació mi padre, Luis, uruguayo nacionalizado español, el cual en el año 2000 decidió emigrar a España en busca de trabajo y se instaló en la ciudad de Vigo, un lugar que hasta ese momento era desconocido para mí», cuenta adentrándose ya en el origen de su celtismo.

Porque la llegada de su progenitor a la ciudad le dio pie a Emiliano para comenzar a «explorar» su ADN gallego, añade. «Mi padre me contaba muchas anécdotas acerca de la ciudad y sus habitantes. La mayoría de esas anécdotas incluían a nuestro querido Celta, el equipo de la ciudad que en ese momento se encontraba en un muy buen momento», recuerda. Era la época del EuroCelta y la final de Copa del 2001. «Me contaba acerca de los celtistas, de ese gran grupo de aficionados que teñía la ciudad de nuestros colores cada fin de semana cuando el equipo saltaba al campo de juego. Todo esto alimentó una parte de mí que nunca había explorado, sentía que ese era mi lugar y que desearía vivir esa experiencia algún día», expresa.

No ha olvidado cómo le hablaba su padre de la dupla Karpiny Mostovoi, «que tantas alegrías dieron al celtismo», y de otros posteriores. «Se cruzaba por las calles de Vigo a algunos como Diego Placente, Pablo Cavallero, Pinto, Juanfran... Y tampoco dejaba de mencionar a los uruguayos que tuvieron paso por el equipo como Pablo “El Canario” García o Fabián Cannobio», apunta.

Ya en la época de Segunda, cuando él creció y comenzó a tomar «más conciencia de fútbol», había dos célticos que Luis le destacaba especialmente. «Hablaba mucho de Roberto Trashorras y Dani Abalo, siendo el segundo uno de mis favoritos, donde hasta hoy en día conservo una camiseta de aquellas épocas con el número 7», revela. En el 2009, en un viaje de su padre a Uruguay, recuerda que le habló por primera vez de «un chaval en la cantera llamado Iago Aspas que tenía pinta de crack”.

Todo lo que le iba transmitiendo su padre sobre el Celta hacía que creciera en él el interés por el equipo. «Mi primer partido como aficionado del Celta frente a un televisor fue en la derrota contra el Atlético Madrid en el 2010 con gol de Diego Forlán y a partir de ese momento, comencé a seguir al equipo más de cerca», indica. Logró llegar a ver «el repechaje -play-off-» contra el Granada en el que el equipo perdió «por penales, ascendiendo al año siguiente», rememora.

A raíz del ascenso, Emiliano comenzó «a respirar celeste más fuerte que nunca». «Hasta hoy en día llevo al Celta a donde vaya. Si no puedo ver el partido, trato de sintonizar algunas cadenas españolas que relatan los partidos o seguir el resultado por el móvil», detalla. Entiende que para algunas personas pueda resultar extraño. «Pero mi amor por el Celta se ha equiparado con mi amor por Peñarol, el equipo que sigo aquí en mi país», agrega.

Tiene claro el top-3 de goles célticos que más ha gritado -»el 3-2 de Iago al Villarreal en 2019, el 2-0 de Cabral al Shakhtar y el 1-0 de Iago al Deportivo en Riazor»- así como la eliminación en Old Trafford como capítulo más amargo. «Pero nuestra afición siempre se destacó por no castigar al equipo y despedimos aquellos jugadores como héroes que lograron una gran batalla», subraya. Porque se muestra convencido de que «a pesar de los buenos y malos partidos, en el ADN celtista no se contempla dejar el equipo a la deriva y se ha demostrado en estos últimos años».

En directo en Montevideo

Hace cuatro años, Emiliano pudo ver al Celta en directo por primera vez con motivo del viaje del equipo a su país en pretemporada. «. Viajé junto a mi pareja 400 kilómetros para ver en vivo a mi Celta en el Gran Parque Central contra Nacional. En ningún momento pensé que ese partido fuese un amistoso, lo disfruté de principio a fin con mucha emoción», dice. Ese día se propuso cumplir un día el que presenta como su gran sueño: «Ver a mi querido Celta jugar en Balaídos y poder cantar A Rianxeira. Quizás para muchas personas esto no pueda significar nada, pero les puedo asegurar que para mí sería tocar el cielo con las manos».

Del mismo modo, tener uruguayos en la plantilla del Celta supone «un orgullo muy grande» para él. «Aquí, en Paysandú, el nombre del Celta ha tomado fuerza desde el paso de Maxi Gómez por el club, un gran jugador que pudo destacar en el club y dejar huella. Hoy en día puedo disfrutar de Lucas Olaza», dice antes de catalogarle como «uno de los mejores laterales de la Liga». No se olvida del Toro Fernández: «Deseo que logre aprovechar en algún momento su oportunidad y obtener grandes logros como céltico».

El padre de Emiliano regresó a Uruguay en el 2014. «No está allá más. Le agradezco por haberme hecho celtista porque es uno de los regalos más grandes que me ha dado», valora. Asegura que defiende al Celta allá donde va «pese a que nunca faltan esos seguidores de los equipos grandes que hacen bromas, pero a ellos les falta lo que a nosotros nos sobra: afouteza e corazón». Seijo no descarta seguir los pasos de su padre: «Estoy pensando en emigrar luego de terminar mis estudios». Pero cerca o lejos, tiene claro que su celtismo seguirá igual de vivo.

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