Punto de identidad y oro para un Celta con personalidad

El colectivo de Óscar García se sobrepuso al gol tempranero con un fútbol combinativo


VIGO

Cuenta Pep Guardiola una anécdota de cuando Simeone, antes de hacerse cargo del Atlético de Madrid, le pidió permiso para ver sus entrenamientos. No tardó mucho en emitir un veredicto el argentino: «A mí esto no me gusta». Y de la misma manera que los equipos de uno tienen un sello, los del otro se ajustan a un modelo de distinto corte. Y todos los rivales saben a qué se enfrentan. En el caso de los colchoneros, a una máxima organización defensiva, solidaridad, esfuerzo y transiciones rápidas a la hora de armar el ataque. Es lo que se encontró el Celta, un rival rocoso que no se entretiene recreándose en las combinaciones, un equipo más de épica que de lírica.

Esquema

Tres centrales y dos estilistas. Óscar García optó por el sistema de tres centrales al que recurre con frecuencia y ubicó en punta a dos estilistas, Iago Aspas y Smolov. Si la idea era adoptar más precauciones defensivas y tratar de tapar espacios al Atlético de Madrid, el escenario dio un vuelco en apenas 55 segundos, el tiempo que necesitaron los visitantes para abrir el marcador en una acción en la que el Celta no estuvo fino y en la que tampoco le acompañó la fortuna.

 

Guion

Dominio engañoso. El gol puso al cuadro local ante el peor de los contextos, ante un rival que sabe vivir sin el balón, atento a soltar zarpazos. Ese tanto dio paso a un guion con trampa. Los celestes se adueñaron del esférico, pudieron combinar como más les gusta, pero con muchos problemas para inyectar profundidad. Queda la duda de si el Atlético optó por administrar y dejar que el rival progresase o si fue el Celta el que dio un paso adelante. En todo caso, era un dominio sin veneno, de muchos muletazos y ninguna estocada.

Bandas

Contraste en los costados. En la primera parte el Celta canalizó casi todas sus aproximaciones por el costado derecho, y sufrió las acometidas más peligrosas por su lado izquierdo. Olaza se vio demasiado solo, y el Atlético generó más espacios por ese lado. Por ahí vino el gol, y otra acción muy parecida que no acabó en la red porque faltó el remate. Tras el descanso, acabó con los barbechos.

Giro

Nuevo cambio de guion. La segunda parte arrancó con otro giro de partido, esta vez por el tanto tempranero del Celta, con un extrañísimo pero eficaz golpeo de Beltrán. El Atlético avanzó metros, pero el Celta no renunció al fútbol combinativo. El duelo de estilos que se esperaba antes de comenzar la contienda estaba servido. Y cada equipo fue muy fiel a su manera de entender el juego. Los cambios en uno y otro lado no variaron el plan de ruta. Rafinha y Mina, en unos de sus mejores minutos de la temporada, entraron bien en el encuentro. El Celta solo levantó el pie del acelerador en el tramo final, cuando entendió que el punto podía valer un potosí.

Debut

Buen estreno de Iván Villar. El susto del partido lo dio Rubén, que tuvo que irse a los vestuarios. Debutó Iván Villar y el canterano transmitió lo más importante en un portero: tranquilidad y seguridad. No le pesaron las circunstancias, repelió como manda el manual un lanzamiento cruzado de Lemar y aguantó bien el tirón. El conjunto de Óscar García supo leer el juego sin asumir riesgos innecesarios. Volvió a puntuar ante un grande.

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