«Con 22 años, no sé si hubiera tenido otra oportunidad»

La Voz VIGO

GRADA DE RÍO

XOAN CARLOS GIL

Aspas recuerda su debut en balaídos con doblete ante el Alavés, que considera que le abrió las puertas del fútbol profesional

03 jun 2020 . Actualizado a las 15:36 h.

Iago Aspas, Eusebio Sacristán y Carlos Hugo García Bayón han recordado en una charla organizada por el Celta la etapa que compartieron en el club vigués, con especial atención al debut del moañés en Balaídos, don dos goles frente al Alavés. Los tres revivieron las sensaciones que experimentaron en aquellos momentos que el delantero considera que le abrieron de par en par las puertas del fútbol.

Reveló Aspas que no sabe si hubiera podido hacer la misma carrera de no ser por aquel partido. «Cuando sale un jugador de cantera, tiene que tener 17 o 18 años. Yo ya tenía 22, había hecho pretemporada con el primer equipo y lo había hecho bien, pero no se me había dado la oportunidad», rememoró, citando también que había ido convocado en UEFA con 19 años. «No me daba enganchado y con 22 años quién sabe si hubiera tenido esa oportunidad o no», valoró el jugador. Sus interlocutores se mostraron seguros de que, con su mentalidad, sí la hubiera tenido.

A Iago le ha marcado aquel partido, que suele mencionar como el más trascendental de su carrera. «Tuve la suerte de disfrutar de un Mundial y meter un gol, pero siempre me quedaré con ese partido por lo que supuso. Me abrió las puertas del fútbol de par en par, era la oportunidad que buscaba, el primer paso para no mirar atrás», considera. Porque desde la visión del Aspas de hoy: «Todo lo que vino después fue a raíz de aquel partido. He jugado otros importantes, pero el primero queda marcado para el resto de tus días».

«Fue mi primer gran día en el fútbol de élite»

Reflexionaron los tres sobre la importancia de que Iago, al ser un jugador del filial que no había participado de la temporada negativa que arrastraban, no sentía la presión del resto. «Fue mi primer gran día en el fútbol de élite. Había soñado desde pequeño debutar en Balaídos y poder salir por la puerta grande. Sabía el fútbol que tenía dentro y tenía que explotar, pero nunca me había visto en una situación tan dramática», señala. Al mismo tiempo, sentía que no tenía «nada que perder», porque si no ganaban, él no había tenido nada que ver con lo vivido esa temporada.

Coincide Eusebio en que los demás sí sentían «la carga del peso de todo un club» y en su caso particular, la necesidad de que saliera bien para dar el primer paso correcto en una carrera como entrenador que entonces era incipiente. «Lo ideal es poder descargarse de esa presión, es lo que hace de los jugadores importantes. Iago ha demostrado que es algo que lleva consigo aunque en ese momento no llevara el peso negativo de lo que había sido esa temporada»; analizó.

Aspas señaló que ha ido aprendiendo con los años a manejar ese tipo de situaciones. «Recuerdo nuestro primer año en Primera, jugar atenazado, con mucha presión. Con el paso de los años y los partidos lo vas controlando, sí es cierto que la presión puede pasar más factura a algunos jugadores que a otros», afirma. El frente al Alavés no la sentía. «Tenía mucho que demostrar, me habían dado la oportunidad de entrenar ese mes con el primer equipo y, como sabéis bien, no me callo nunca, peleo siempre, me enfado por perder un partidillo. Siempre intento dejarlo todo y esa media hora me supo a gloria», recordó.

Mencionó, asimismo, que por aquel entonces estaba acostumbrado a partidos en Barreiro ante 300 espectadores o fuera ante 2.000 como mucho. «Aquel Balaídos lleno era el punto que necesitaba para explotar mi carrera después de 14 o 15 años en la cantera, el ejemplo del chico que sale de abajo», añadió.

Le preguntó Carlos Hugo por la presión que sí sintió la temporada pasada, cuando acabó llorando tras el doblete frente al Villarreal. «Llevaba una mochila encima de estar mucho tiempo fuera y cogiendo mucha presión. En la calle, la farmacia, el supermercado, me preguntaban que cuándo volvía, que el equipo estaba mal y me necesitaba», narró. Cada partido en Balaídos llegó a ser «un sufrimiento» para él y su familia por «la presión que tenía encima». «No me pude aguantar. Igual era más fácil haberme echado a llorar con 21 años que con 31 y dos hijos», comparó.