Del estupor a la euforia sin perder nunca la fe

Los 19.335 espectadores que acudieron a Balaídos vivieron una verdadera montaña de emociones


Vigo

A nadie se le escapaba que el partido de ayer era fundamental en la pelea del Celta por la salvación. Quizás por esoy después de que el club anunciara la víspera que solo quedaban 600 entradas -y de que pidiera por mail y sms a los socios que no dejaran sus asientos vacíos-, ayer se congregaron en Balaídos 19.335 espectadores, la quinta mejor entrada de la temporada en el municipal vigués (solo superada por los duelos ante Real Madrid, Sevilla, Valencia y Athletic).

No faltaron los disfraces y las pelucas en el sábado de Carnaval, pero el ambiente de fiesta no tardó mucho en dejar paso al primer sin sabor. Corría el minuto 21 cuando los celestes se quedaron con uno menos por expulsión de Bradaric y la sombra del fatídico Celta-Granada -con dos expulsiones en el primer acto en las filas locales y derrota celeste- sobrevoló Balaídos.

Fueron momentos de crispación, tanto en la grada como en el campo y también en el banquillo, con Óscar viendo una tarjeta por lanzar una botella en un gesto de rabia. Pero el equipo resistió con el 0-0 hasta el descanso, cuando Munuera Montero se llevó una monumnental pitada similar a la que recibiría cuando volvió a hacer acto de presencia tras el paso por vestuarios.

Ya en la segunda parte, el celtismo rugió mucho más que en la primera. Con Munuera en el punto de mira, la grada reaccinaba con incredulidad a casi cada movimiento y decisión del colegiado, que interrumpía el juego constantemente para consultar acciones y que en el minuto 61 hizo un amago de equilibrar el partido en lo que a número de futbolistas se refiere mostrando la roja directa a Óscar Rodríguez. Lo celebró Balaídos casí como un gol, pero de nuevo consultó al VAR el colegiado y se quedó en amarilla.

La celebración de verdad iba a venir en esa misma jugada. Porque la falta sobre Denis que casi cuesta la expulsión a Óscar serviría a Iago Aspas para batir a Juan Soriano en el único gol del partido. El que iba a ser el del triunfo, además del noveno del céltico esta temporada. 

Sin embargo, el gol de moañés llegaba en el 62, con un mundo de tiempo por delante, especialmente cuando tienes un hombre menos. Fue en esa recta final cuando el estadio se vino arriba para arropar a los suyos al unísono. La misma manera en la que después celebraron el triunfo.

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