Quince días de trabajo


Vigo

No es decisión fácil el cese de un entrenador. Decisión que busca un cambio, un cambio en la gestión, en el modelo de juego o simplemente en la dinámica. De estas tres cosas a primera vista se pudo constatar que una de ellas si se dio. El Camp Nou tal vez no sea el mejor termómetro para medir la eficiencia del cambio, pero sí que ha valido para constatar que haber lo ha habido. El Celta salió embravecido y sin un ápice de especulación. A pecho descubierto, los celestes se fueron a buscar al Barça a su terreno con una intensidad y presión alta que aturdió inicialmente al rival. El plan aguantó incluso su primer revés, aunque no pudo con dos golpes directos tan efectivos como sucesivos. Ahora Óscar García tiene 15 días para trabajar y empezar a sumar.

El Celta se plantó de inicio en campo rival, situó tres centrales fijos, y dos carrileros que alternaban sus salidas a campo contrario para apretar al lateral en posesión del balón, mientras el otro lateral cerraba convirtiendo en la defensa en una línea de cuatro. Mientras Lobotka y Pape fijaban los interiores, Beltrán no tenía complejos en abandonar su posición delante de la defensa y perseguir a Sergi Roberto hasta el área azulgrana. Sorprendió tanto la propuesta a Valverde que incluso con el 1-0 tiró de galones y reconstruyó el medio del campo. El Celta fue osado en el inicio del juego blaugrana y pragmático, juntándose en campo propio, cuando el rival salía de la presión. La idea parecía apropiada para hacerle daño al Barça, aunque al final la verdadera clave del partido residiría en el de siempre, Messi.

Ver a Olaza salir a centro del campo rival persiguiendo a Messi pudo activar la memoria de cualquier celtista llevándole a tiempos en donde el posicionamiento avanzado, la presión alta y las transiciones rápidas y verticales eran la seña de identidad de este equipo (con sus pros y contras). Dada la particularidad de este partido todavía habrá que esperar para comprobar si este modelo tendrá continuidad, pero desde luego el Celta fue distinto el sábado.

A vueltas jornada tras jornada con el sistema, cuando se hizo pública la alineación del Celta pocos no se sorprendieron. Habituales como Denis y Brais en el banquillo, dos laterales izquierdos en el campo, Pione en el once, sonaba a experimento. Sin embargo, tras el pitido inicial se convirtió en una pequeña revolución.

El Celta en el Camp Nou apostó por robarle el balón al rival priorizando en el equipo jugadores de corte más físico y sumando un defensa más en la alineación. Este 3-5-2/5-3-2 puede que se adapte mejor a la tipología de la plantilla fortaleciendo al equipo por dentro tanto en ataque como en defensa, solo resta conocer si este será su sistema de referencia y por quién se decantará para ejecutar su idea.

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