El rombo como alternativa a Okay

La falta de un segundo pivote defensivo en la plantilla lleva a Fran Escribá a explorar una opción diferente del 4-4-2 dejando a Lobotka como único pivote


Vigo

Sin noticias de un refuerzo para el mediocentro defensivo y con Okay Yokuslu parado desde el 30 de mayo y descartado para el inicio liguero, Escribá decidió probar la alternativa del 4-4-2 en rombo en el Memorial Quinocho. Con Lobotka como único pivote defensivo, con Brais abierto al costado derecho, Beltrán al izquierdo y Denis en la media punta. Y la apuesta dejó satisfecho al técnico pero no salió del todo bien. El equipo dejó muchos espacios en defensa y en ataque solo estuvo inspirado en la parte final del primer acto.

«Hemos cambiado el dibujo pensando en soluciones mientras tengamos la plantilla de esta forma», comentó el entrenador en clara alusión al alto número de bajas que arrastra el equipo a seis días del inicio liguero.

La idea del 4-4-2 en rombo es un canto al fútbol de ataque, el problema en el Celta es que alguno de los futbolistas involucrados no tienen el rol específico necesario. El primero Lobokta, que como cierre tiende a irse para arriba y a perder la marca en defensa como sucedió en el segundo gol de Immobile, algo que apuntó el propio técnico. «Lobotka, siendo un gran futbolista, no es un jugador específico de esa posición, nos a buena salida de balón pero a nivel defensivo se vio en el segundo gol, que estaba más pendiente del balón que de la marca».

Beltrán tampoco está habituado a caerse a la banda izquierda como hizo el sábado, ya que su puesto habitual en los últimos tiempos es el mediocentro, aunque Cardoso se aventurase a colocarlo en la media punta sin ninguna posibilidad de éxito. Al toledano aparcado en banda le cuesta mantener la posición. «Fran es muy dinámico, tanto que a veces pierde la posición», indicó el entrenador tras elogiar su actuación.

De los cuatro, el más beneficiado por el cambio fue Denis Suárez, que jugó de media punta, la posición en la que se siente más cómodo. Brais, por tendencia natural, aunque inicia el juego por fuera acaba visitando con asiduidad el pasillo central.

El problema de las bandas es que los dos laterales tienen un espacio profundo a cada lado y en más de una ocasión los dos centrales se quedaron como únicos defensores a la espera del repliegue de los suyos.

Con posesión de balón, el Celta combina y llega por dentro con este sistema -«perdemos profundidad en bandas pero ganamos en llegada, ha sido de los partidos con más llegadas o tiros a portería desde que estoy aquí», dijo en técnico-, pero por cada pérdida deja un buen puñado de pasillos para que el equipo rival pueda montar el contragolpe, algo que siempre le ha gustado al Real Madrid, máxime si incide en la idea de jugar con tres centrales y dos laterales incorporados a la medular (algo que repitió ayer en Roma en su último amistoso). Escribá tiene seis días para resolver el dilema.

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