Aspas, diez años de leyenda celeste

El canterano firmaba su primer gran servicio al Celta con un doblete al Alavés el 6 de junio del 2009; lo recuerdan Dani Abalo, Trashorras y Falcón


vigo / la voz

El 6 de junio del 2009 es una fecha clave en la historia del Celta. Aquel día, un año después de su debut con el primer equipo en Salamanca, Iago Aspas se estrenaba en Balaídos. Aquel canterano que por entonces era desconocido para muchos, el hermano pequeño de Jonathan para otros y un chaval prometedor de la cantera para unos pocos más, marcaba dos goles que espantaban los fantasmas del descenso a Segunda B. En aquel momento era imposible predecirlo, pero aquel Celta-Alavés era el comienzo de una leyenda.

Entre los jugadores que compartieron con él sobre el terreno de juego aquel partido estaba un Dani Abalo con el que siempre se ha entendido a la perfección dentro y fuera del campo. «Desde que llegué al Celta en juveniles y lo vi por primera vez siempre dije que era el mejor, que no había visto otro igual. Por eso no me sorprendió lo que fue capaz de hacer ese día», recuerda el también canterano, que le asistió en el primer gol y que luego le cogió sobre sus hombros en la celebración. «En aquel momento, un poco como ahora, nos tocaba a los canteranos tirar del carro. Verle conseguir eso fue un orgullo increíble», dice el vilagarciano.

Trashorras, titular aquella tarde, coincide en que a los que convivían con él día a día en los entrenamientos no les sorprendía nada de lo que pudiera llegar a hacer. «Le veías las cualidades, el talento y el don que demostró ese día y muchas más veces luego, que es la capacidad de aparecer en momentos claves. Hay jugadores que nacen con estrella y aunque era difícil presagiar la carrera que luego tendría, no había duda de que era uno de ellos», dice el excéltico.

Punto de inflexión

El portero de aquel equipo, Ismael Falcón, destaca que la irrupción de Iago fue «un punto de inflexión en la carrera de Iago», pero al mismo tiempo tuvo el mismo efecto en el equipo. «Él en los entrenamientos hacía tiempo que era uno más y se le veía el desparpajo y que marcaba diferencias», afirma. Y cree que con aquel debut reivindicó que «había sido una buena decisión subirle» y que al mismo tiempo que era un momento clave para él lo fue «para la cantera del Celta, que a día de hoy está al nivel de las mejores de España y para el equipo, para hacer las cosas mejor al año siguiente». A partir de ahí, comenzaron una línea ascendente, ya con Iago asentado, que derivó en le ascenso.

«Siempre le decía a Eusebio que tenía que poner a Iago»

Dani Abalo confiesa que la buena relación y la confianza que tenía con Eusebio Sacristán, el técnico del Celta en junio del 2009, eran suficientes como para insistirle en más de una ocasión hasta que lo hizo en que tenía que darle minutos a Iago. «Para mí fue la leche lo que consiguió ese día por todo, también porque siempre que podía hablaba con Eusebio y le decía que el jugador que necesitaba era Iago, que tenía que ponerle», cuenta.

Él tenía claro que Iago era «un jugador que le encantaba» al técnico, pero que debía encontrar el momento adecuado para darle la oportunidad. Y probablemente aquella circunstancias no eran las mejores para decidirse. «Eusebio quería esperar a otro momento, pero al final se vio obligado porque sabía lo que Iago podía darle y mejor no le pudo salir», recalca Abalo.

Trashorras se fija en que aunque la experiencia es fundamental en el fútbol en las situaciones difíciles, el punto de «ingenuidad» que podía tener Iago por aquel entonces era al mismo tiempo un plus. «La gente joven en un momento así no contempla tanto el problema que supondría el descenso, eso le podía permitir salir sin tanta presión, con esa alegría, jugar como él sabe, con esa energía y contagiarla a los demás para al final ganar el partido».

Para Falcón, Iago fue el artífice de «un momento épico e histórico» y también recuerda cómo les arropó ese día la afición celeste. «Habíamos hecho una temporada muy irregular, nos jugábamos la permanencia y aquello en ese momento era vital para el club. Que saliera un chico de la cantera, ante un estadio lleno y volcado, y marcara dos goles para conseguir la salvación fue algo memorable».

«Aquel día era el más feliz del mundo, un celtista salvando a su equipo con sus goles»

Trashorras reconoce que el significado que tenía esa victoria era mayúsculo. «Nos salvamos de un papelón grande, porque que el equipo bajara era un desastre, un fiasco total», valora. Por eso subraya que todos estaban «eufóricos» tras haberlo logrado, pero lo de Iago era algo aparte. «Era el chico más feliz del mundo, cumplió su gran sueño. Era un celtista salvando a su equipo, marcando dos goles en casa delante de su gente. Todo lo bueno que le podía pasar en ese partido le pasó», comenta.

Falcón también recuerda a la perfección hasta qué punto se percibía el sentimiento celtista que siempre ha caracterizado a Aspas. «Por supuesto que se notaba y llamaba la atención. Tanto en él como en Dani Abalo, Hugo Mallo, Sergio... Todos los chavales de la casa que subían del filial. Ellos lo vivían de una manera especial y Iago más si cabe. Es bonito ver que alguno de ellos se mantienen todavía en el primer equipo», celebra.

Aunque marcó dos goles, Iago también tuvo tiempo ese día de lamentar alguna ocasión fallada
Aunque marcó dos goles, Iago también tuvo tiempo ese día de lamentar alguna ocasión fallada

En la misma línea, Trashorras recalca que «el mejor rendimiento de Aspas siempre ha sido en Vigo, cerca de los suyos», y entiende que eso es debido a la manera en que se identifica con ese club. Abalo, que comparte el sentimiento y que sigue siendo una persona muy cercana al moañés, lo corrobora. «Aquellos dos goles fueron importantísimos en la historia del Celta y para él como futbolista y como celtista. Recuerdo la alegría de aquella noche que nos fuimos a cenar todos con el club, eufóricos por lo que acababa de conseguir y sin imaginar aún cuántos goles importantes suyos estaban por venir», subraya.

Del Iago de después de aquel Celta-Alavés Falcón recuerda «sus lágrimas de felicidad» y la «comunión con la grada», la manera en que se entregaron ese día al equipo y en especial al que desde ese mismo momento comenzaría a convertirse en un ídolo. «Todos sabíamos que nos jugábamos muchísimo y que lo que acababa de hacer iba a quedar para la historia». Trashorras añade que hasta la irrupción de Iago «estaba siendo un partido complicado, difícil, con poco fútbol y mucha tensión» y que gracias a él se consiguió salvar la temporada. Una historia que diez años después se repitió en gran parte.

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