VIGO

Un calco de la temporada en el epílogo. El Celta certificó la salvación en un mal partido, en donde una vez más fue rescatado por Iago Aspas. Un arreón del diez, con dos goles en la recta final, permitieron a los célticos equilibrar los dos tantos del Rayo Vallecano para cerrar una mala temporada con un mínimo de decoro. Porque el partido en sí resume en 90 minutos todo lo malo y lo único bueno del curso.

En el debe aparece la falta de tensión en un partido en donde el Celta era el que se jugaba cosas realmente, las licencias defensivas volvieron a aparecer y el conjunto vallecano, que llegaba descendido, llegó a tener dos goles de ventaja. Como sucediera seis días atrás, era el Girona con su derrota en Mendizorroza el que despejaba el camino pero como sucedió desde que volvió, Aspas se encargó de rescatar al equipo y maquillar el último acto con un empate.

Parecía durante el primer tiempo que el Celta había adelantado las vacaciones. Quizás imbuido del pensamiento general, los vigueses, con la única novedad de Cabral por Hoedt en el once, solo demostraron estar más necesitados que el rival, ya descendido y sin cuentas pendientes, en el arranque, cuando pisaron en dos ocasiones el área rival con criterio. La más clara, un pase interior de Iago Aspas que Maxi no pudo conectar.

Pero poco a poco el Rayo se fue viniendo arriba. Primero se hizo con el balón, comenzó a moverlo en el centro del campo y en una llegada se encontró con un regalo de Boudebouz, que quiso controlar un balón en dos tiempos en la frontal del área y de espaldas y lo único que hizo fue derribar a Advíncula. Embarba tiró el penalti y, aunque Rubén adivinó el lado, acabó marcando.

El Celta pudo arreglar el asunto en la jugada siguiente, pero Maxi no superó a Dimitrievski en una jugada con pinta de penalti que en realidad no lo era. Tampoco el VAR consideró punible una mano reclamada por Aspas poco después y que supusieron la roja para Escribá. El diez y Lobotka fueron los que más tiraron del carro y el eslovaco estuvo más cerca que nunca del gol, pero se le hizo de noche ante el meta rival. La única noticia positiva de todo el primer acto, igual que la semana pasada, llegó desde Mendizorroza con el gol del Alavés, lo que dejaba de nuevo el colchón celeste en siete goles.

El segundo tiempo, lejos de mejorar la actuación del Celta, todavía la empeoró. Hasta que apareció Iago en la recta final. Porque de entrada Medrán puso a prueba a Rubén, el Rayo siguió teniendo el balón y cada minuto que pasaba la desconexión de los célticos parecía mayor. Como si fueran ellos los que estaban ya de vacaciones y no el rival, y de hecho Medrán marcó el segundo con un tiro desde fuera del área.

Porque el cuadro vigués apenas existía en ataque hasta que el minuto 76 cambió el panorama. Mateu y el VAR vieron penalti en unas manos de Catena y después de un tiempo de espera Aspas se fue hasta los once metros para marcar. El moañés engañó al portero y aunque la salvación ya era un hecho por el triunfo del Alavés sobre el Girona, el diez fue al fondo de las mallas a coger el balón y correr hacia el centro del campo. Un síntoma inequívoco de su ambición, igual de grande que la resolución del empate en el primero de los nueve minutos del añadido. Olaza centró y Iago trazó una diagonal con el exterior del pie derecho imposible de detener para el portero rayista que minutos había detenido una falta sacada rasa y con intención a Maxi.

Con el 2-2 Aspas quiso seguir a la carga, pero apenas hubo una jugada trenzada. Hasta el último día el diez tuvo que acudir al rescate. El líder de la Reconquista y el primer pilar de un futuro que debe ser muy distinto.

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