La emoción de pisar el césped de Balaídos a los 95

El socio histórico Augusto Aguiar, nacido en 1923, vivió un momento único al recoger el premio a la mejor afición en nombre del celtismo


Vigo

Augusto Aguiar vivió el pasado sábado el que probablemente es uno de los días más especiales de su vida como celtista. Y no (o no solo) por el resultado final de triunfo ante el Barcelona que se produjo en Balaídos. Un par de días antes su familia recibió una llamada completamente inesperada: «A mi abuelo le falla el oído y siempre le acompaña mi madre. Así que se pusieron en contacto con ella para proponerle si le gustaría recoger el premio a la mejor afición en nombre del celtismo y por supuesto, aceptamos», dice Javier, nieto de Augusto, que a su vez es uno de los socios históricos del club nacidos en 1923 y que ya había participado en agosto en el 95 cumpleaños de la entidad.

Cuenta Javier, que reside en León y lo vivió en la distancia, que su abuelo estaba «encantado pero nervioso, porque sabe que si le preguntaban algo no se enteraría». Pero resultó ser una tarde «inolvidable» y sin el más mínimo pero. «Les esperaron en la puerta del estadio como unos VIPs y disfrutaron del partido en el palco. A mí me quedó la pena de no poder ir por trabajo, pero más pena aún cuando vi que solo les sacaron unos dos o tres segundos por la televisión», confiesa.

De hecho, Augusto creyó que quizá tendría oportunidad de pronunciar unas palabras y llevó una chuleta manuscrita que finalmente no pudo compartir y que expresaba hasta qué punto era especial para él el momento. Decía: «Es un honor y un privilegio que el Celtiña me elija para en nombre de nuestra afición recibir este premio por ser una de las mejores de España. Solo pido por nuestro Celtiña que la afición consiga de nuevo este premio el próximo año. Gracias, afición».

Además, Augusto tuvo oportunidad de pasear por las instalaciones y ser saludado por todos. «Al salir del césped, unos niños le chocaron la mano y se paró para decirles: ‘Ojalá que defendáis y queráis al Celta tantos años como yo, en Primera o en Segunda, siempre con respeto’», narra Javier, que conoce todos los detalles de boca de su madre e hija de Augusto, que no se separó de él en esta experiencia única para él.

Cuenta Javier que si el Celta siempre ha sido una parte fundamental de su vida, desde que Augusto se quedó viudo el club se ha convertido también en una vía de escape para él. «Después de fallecer mi abuela, aparte de nosotros, su familia, el Celta es lo que le distrae y le anima. Alegrías como esta no se las espera nadie», finaliza.

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