María Juncal, madre de Iago Aspas: «No ha logrado que me retire»

El éxito de su hijo no ha sido suficiente para que haya dejado el marisqueo: su trabajo y su pasión

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María Juncal: «Iago no ha logrado que me retire» Con tres de cuatro hijos futbolistas, la madre de Aspas se sincera: «Me tenían hasta el gorro»

«Sácame guapa, eh», María Juncal llega a la cita tal y como es. Un huracán lleno de vida y sobre todo de sentido del humor. Pizpireta y con las arrugas propias de una persona que no ha dejado de sonreírle a la vida, es una madre orgullosa. El hecho de que Iago Aspas sea un ídolo más allá de su Moaña del alma lo lleva con naturalidad. «Estoy toda contenta, orgullosa», afirma, a la vez que esboza una sonrisa. Siempre pendiente de la familia, María es la matriarca de un clan muy unido y al que el éxito no ha conseguido cambiar.

Aspas ha heredado los rasgos físicos de su madre. Ella dice de él que es un chico «tranquilo y tímido pero que en el campo se transforma. Él es un ganador nato, siempre quiere ganar aunque sea al parchís». Acaba de renovar con el Celta hasta el 2023, María recibe la llamada de su hijo para anunciarle que el acuerdo está cerrado y que ya podía contarlo. «Me comentó las condiciones pero yo no tuve nada que ver en eso. Me dijo: ‘Es hasta el año tal’. Pero a los seis meses se me olvida. No le doy ninguna importancia ni a eso ni al dinero», recalca.

El mes que viene Iago jugará uno de los partidos más importante de su vida: el de pasar por el altar para casarse. María ejercerá de madrina y aunque no es la primera vez que lo hace, sigue prefiriendo guardar el secreto sobre su vestido. «Nadie sabe cómo es, pero la verdad es que es ‘chuli guay’» desvela con ese acento marcado propio de O Morrazo.

El mar, su pasión

La playa es el verdadero terreno de juego de María Juncal. A pesar del éxito de sus hijos ella sigue al pie del cañón de las mareas desde los 10 años. Ahora, a punto de jubilarse mira con añoranza a la playa. «Sigo porque es mi trabajo, vivo de él. Es muy sacrificado pero lo llevo bien. Mis hijos no han logrado que me retire, sobre todo Jonathan, que nunca quiso que fuese», reconoce. «Yo me lo paso muy bien con mis compañeras. Contamos chistes, nos reímos. Me llevo muy bien con todas», afirma.

Sus dos compromisos ineludibles son acudir a los partidos de Iago y la playa. «Voy al fútbol, veo la playa y me digo: ‘Ay, qué pena no estar ahí’. Aunque no lo cambio. Eso sí, fuimos a Valladolid, llegamos a Moaña a las siete de la mañana, fui a casa, me cambié y bajé a la playa», dice satisfecha.

Durante la jornada laboral también hay tiempo para analizar los partidos del Celta. «Algunas de ellas son muy forofas. Tenemos un grupo de wasap de las mariscadoras y allí me ponen ‘¡Venga, Iago, viva la madre que te parió!’ Es un show. Hay tres o cuatro que van a Balaídos y parecen ellas las madres. Están loquísimas con él», relata mientras se ríe.

En la grada como una más

Ni las zonas VIP ni los palcos de los estadios, a María Juncal lo que le gusta es disfrutar de la gente, en la grada. Desde hace siete años acude a Balaídos en el bus de la peña que lleva el nombre de su hijo: «Iago tiene un palco en el estadio pero yo siempre voy a la grada. Lo tiene cerca de Marcador. No me voy a ir para allí porque mi asiento está en el centro, por donde salen los jugadores. Estoy justo debajo de Tribuna». Aunque se califica como «tranquila» durante los partidos, «no soy de las que grita mucho pero sí animo». Cuando hay gol «me choco con los que están allí a mi alrededor y le doy un beso a mi marido y a mis hijos».

Tres hijos futbolistas de cuatro: «Estaba hasta el gorro»

Iago Aspas es el tercero de cuatro hermanos. Cuatro varones que han vuelto completamente loca a María durante su infancia. «Todo el día con la pelota, estaba de ella hasta el gorro. En mi casa no había jarrones, ni lámparas. Me rompían todo. Hacían pelotas con periódicos y cinta aislante. Urbe, el hermano mayor, de Iago se sentaba en el sofá mientras él le tiraba tiros», afirma resignada.

La vida de María ha estado siempre ligada al fútbol. Aunque su hijo mayor decidió ir por otro camino, lo intentó como portero del Alondras y del Moaña. Después llegó Jonathan, que llegó a ocupar el carril diestro del histórico Eurocelta. «La primera convocatoria de Jonathan con el Celta B fue en un partido con el Estradense. Allá fuimos su padre, sus hermanos y yo todos emocionados en el coche. Cuando llegamos al campo él ya estaba calentando. Acabó el partido y Jonathan todavía seguía calentando. ¡No jugó ni un minuto!», afirma con una carcajada.

Durante esa época, María recuerda cómo Iago se iba con su hermano a A Madroa para entrenar y, con el desparpajo que le caracteriza en el campo, «se metía entre los mayores. Cogía la pelota y se ponía a dar toques con Karpin mientras su hermano le decía ‘vete para allá chaval’. A él no le daba vergüenza ninguna meterse ahí».

Un brillo especial surge en sus ojos cuando habla de la unión que mantienen los cuatro hermanos entre sí y la mamitis de todos ellos. «Jonathan vive ahora en Italia y mi hijo el pequeño Pablo está en estos días en la India trabajando. Si pasan dos días y no hablamos por videollamada ya me llaman y me dicen ‘Ma, ¿qué?, ¿ya no no me quieres?’».

Las sufridoras madres del fútbol

a. centeno / a.iglesias
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Las progenitoras de Iago Aspas, Zulema González, Richard Barral y Luisito hablan de sus hijos

María tiene 63 años y es mariscadora. Lleva más de cuarenta bajando cada día al arenal de Moaña para llenar la cesta de moluscos. Rosa tiene 55 años y es funcionaria en la Subdelegación del Gobierno en Ourense. Chicha suma 80 cumpleaños a sus espaldas y está jubilada en A Coruña. A pocos kilómetros, en Teo, reside Matilde, que con 90 primaveras ha cuidado a diez hijos y ahora se vale de un andador para poder caminar víctima de una lesión de columna.

Son cuatro mujeres gallegas. Aparentemente, con poco en común. Nacidas en cuatro puntos diferentes. De profesiones distintas. Pero unidas por el sufrimiento. Ese padecimiento que las invade cada fin de semana cuando el balón empieza a rodar. Porque este póker de galaicas comparte la pasión de sus hijos: el fútbol. Son las madres que parieron a un futbolista de élite como Iago Aspas, a una árbitra internacional como Zulema González, a un experimentado entrenador como Luisito y a un director de fútbol profesional como Richard Barral.

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