Celtismo viajero a los 84

El abonado Constantino Figueroa estará en Butarque con sus nietos tras 18 años sin viajar con el equipo


VIGO / LA VOZ

Constantino Figueroa Portela (Redondela, 1935) se declara «celtista 100%», pero añade que aunque está bien de salud ya se ve «muy mayor» para viajar con el equipo. No lo hacía desde la final del 2001 en Sevilla -«¡ay, cómo me lloré ese día!», recalca- pero sin embargo, este sábado estará en Butarque. «Honestamente, fue cosa de mis nietos Iria y Bruno. Sé que va a hacer frío, pero voy con ellos», cuenta ilusionado.

Tino, como le conocen sus allegados, acumula décadas como socio, aunque no de manera ininterrumpida. «Un año me di de baja porque no me gustaba nada el presidente, pero no aguanté y volví a la siguiente temporada», recuerda. Por eso aunque reconoce que la actual directiva tampoco le convence -«no me van», subraya-, ahora ya no contempla otra opción que seguir renovando hasta el fin de sus días.

En su momento, este veterano celtista llegó a ser jugador del Gran Peña cuando era filial del Celta y tras su paso por el otro equipo de su corazón, el Choco. «Me llevó el difunto Yayo, que fue un gran amigo mío», señala. Y jugó hasta los 29 años. «Luego había que trabajar para llevar el arroz a casa y lo tuve que dejar. Como entonces era pecado, tuvimos cinco hijos», cuenta.

Y si ahora va a Balaídos en familia en el autobús de la peña Viaductos de Redondela, en aquellos años tras dejar el fútbol iba en el camión de la leche. «Los domingos también había que trabajar y llevaba allí a los sobrinos y a los hijos», apunta. Todos celtistas a día de hoy menos su mujer, a la que nunca le ha tirado el equipo por más que Tino lo haya intentado.

«Él me enseñó el amor al Celta»

A cambio, está Iria, su nieta celtista de 19 años que además es jugadora de fútbol y que vive ilusionada estas horas previas al primer desplazamiento que hará con su abuelo. «Él me inculcó todo del Celta. Llevo diez años yendo con él todos los fines de semana. Me enseñó el significado de afouteza y el amor al club».

Ella revela que «cuando hace frío y es de noche al abuelo medio hay que obligarle a ir». Pero no en esta recta final de temporada en que el equipo lucha por la salvación. «Si siempre acaba yendo, sobre todo cuando el equipo está en momentos malos no falta», revela ella, que sigue fiel a él en Gol junto a un amigo de Tino mientras otros miembros de la familia están repartidos por otras gradas del municipal vigués. «Sin duda, somos una familia celtista», proclama ella.

Iria también cuenta que Constantino tiene una manera particular de seguir los partidos. «Es muy especial para eso. Necesita silencio total para que analice las jugadas y se pone nervioso si le pregunto algo. Me dice que calle y atienda», relata entre risas sobre este exjugador con carácter al que apodaban Vinagre cuando estaba en activo y que ahora lo vive de forma más comedida. «Aunque es bastante reservado con el tema de los cánticos, algunas veces le he pillado», confiesa.

En consonancia con lo que cuenta el protagonista, su nieta sabe de su boca que cuando nacieron la madre y los tíos de Iria, Tino tuvo que ponerse a trabajar. «Siempre me habla del cambio del fútbol moderno con respecto a su época y que pudo haber triunfado como jugador profesional. Pero para él la familia era y es lo primero». Y hoy presume de familia celtista, como hará en Butarque.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Celtismo viajero a los 84