Un «sí, quiero» marcado por la remontada del Celta

Iago y Jennifer protagonizaron una boda celeste con pantalla para seguir el partido


Vigo

Cuando pasen los años, Iago y Jennifer recordarán que el 30 de marzo del 2019 contrajeron matrimonio, pero además el recuerdo del enlace estará asociado a un partido que va a tener un hueco importante en las hemerotecas. Y tratándose de dos celtistas como ellos -sobre todo el novio- su celebración personal y un duelo clave para el equipo no podían desarrollarse de manera independiente. Por eso habían decidido disponer de una pantalla en el lugar donde celebraron el banquete y habían desechado varios restaurantes porque no les daban esa opción.

El ya marido, Iago Lago, y su madre, llegaron a la ceremonia con bufandas celestes al cuello y con el Himno de fondo. «Fue un momento chulo, ya que al principio se escuchaba a mi hija de dos años cantando», comentó. También había una sorpresa que le había preparado su mejor amigo, Miguel, un vídeo donde Aspas, Hugo, Sergio, Costas, Rubén, Brais, Beltrán y Jozabed felicitan a la pareja por su enlace:

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Los jugadores del Celta felicitan a una pareja que se casó mientras se jugaba el Celta-Villarreal Un amigo de los novios, grandes aficionados celtistas, le preparó esta sorpresa

«Menuda llorera», dice Iago sobre los instantes en que se proyectó el vídeo. Y también destaca el «momento cómico fue el mensaje de Hugo Mallo diciéndome que lo sentía mucho por mí, hasta que se da cuenta y añadió «lo digo por que no puedas venir al partido no por la boda». La risa en el salón fue generalizada».

El comienzo del partido les pilló repartiendo los regalos a la familia. «Cuando nos quisimos dar cuenta íbamos perdiendo 0-2 y la gente me decía: 'Apaga eso que te va a amargar la boda’». Pero nada más lejos de su intención. «Nos plantamos los más aficionados delante de la pantalla con fe» y llegó el primer gol de Aspas, que les llenó de esperanza. «El DJ decidió parar la música, nos dijo :‘Voy a poner esta canción que es con la que vamos a empatar el partido’. Empezó a sonar la canción de Pimpinela «Al compás de una muiñeira» y efectivamente llegó el empate», relata.

Con el 2-2 en el marcador «los invitados bailando le pedían al DJ que predijese el 3-2, pero no hizo falta». Llegó la acción del penalti y, como a Balaídos entero, también a ellos se les hizo eterno el tiempo de consulta del VAR. «Fue interminable, la pantalla se quedaba pequeña para ver el partido, hasta que por fin llegó la remontada y el humor de los invitados y mío propio cambió por completo. Nos pusimos a saltar y cantar hasta el final del partido, después del pitido final empezó la fiesta rachada con nuevamente el himno del Celta», recuerda. Un motivo más de felicidad.

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