Segunda detonación, ni la primera palabra


Vigo / La Voz

Se acaban las balas. El Celta trató de salir del laberinto en que se ha convertido la temporada con el cambio de entrenador pero diluido el efecto Cardoso, ahora percute con dos piezas nuevas para la maltrecha defensa, un problema endémico desde que volvió a Primera que nunca acertó a solucionar. Una plaga que amenaza con llevarse la cosecha de cada temporada.

La llegada de Riedewald y Durmisi suena tanto a golpe de efecto como a necesidad. El Celta no puede ir por la liga encajando 2,67 remates y saliendo a 1,6 goles recibidos por encuentro. No hay delantera que soporte semejante ratio. Ni Iago ni Maxi. Y ni el holandés ni el danés se pueden presentar como la solución a todos los males, pero los agujeros eran tan evidentes que cualquier parche merece un voto de confianza.

Su contratación se presenta como el penúltimo dique de contención para salvar un año que nació tan lleno de ilusión que hasta Mouriño mudó su proclamas y habló de Europa sin rodeos. Al mismo tiempo, los dos fichajes defensivos suenan a respuesta a los tambores de guerra. Hace meses que el celtismo viene mostrando su hastío por el cuerpo a cuerpo con Caballero por Balaídos y por el conflicto de Mos por la ciudad deportiva y el centro comercial, dos asuntos que cuando el balón entra demasiadas veces en tu propia portería y la clasificación amenaza una zozobra de descomunales dimensiones pasan a un segundo lugar.

Que entren en escena dos nuevos actores y que se reactive la plantilla, también es una manera de prolongar en silencio imperante en la cúpula de A Sede. No por manido, sigue sin poder entenderse que el director deportivo guarde silencio de un modo permanente (no comparece en solitario desde hace un año) cuando suya es la responsabilidad directa de la confección de la plantilla (al menos a ojos del mundo), ni que el presidente no haga un llamamiento a la unidad en tiempos de crisis. Ahora que las comparecencia de plasma se han convertido en el mejor salvoconducto para eludir cuestiones indiscretas.

La cuestión ahora es saber hacia dónde apuntará una tercera detonación si los fichajes no cortan la hemorragia. ¿A un tercer inquilino del banquillo o los tiros apuntarán más arriba?

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