Un vigués guía al Rayo Vallecano

Santi Comesaña, que en cuatro años pasó de juveniles a Primera, se asienta como mediocentro titular


vigo

Santi Comesaña (Vigo, 1996) se medirá por primera vez al Celta, que en su día no consideró oportuno hacerse con sus servicios pese a ser uno de los destacados del Val Miñor, club en el que se pasó toda su vida hasta dar el salto al Coruxo en el verano del 2015. Un año después se fue al Rayo Vallecano en Segunda y con 22 años debutó en la élite. En Primera ya ha disputado 15 partidos en los que ha demostrado todo lo bueno que anunciaba: trabajo, visión de juego desde el mediocentro y calidad, además de envergadura.

Comesaña llegó al Val Miñor en el momento de la fusión con el Nigrán, su primer club. Alejandro Villar, el coordinador del antiguo Ureca, ya le tenía echado el ojo. «Era moi alto e de infantil e cadete perdeu un pouco de forza, era moi delgadiño e incluso en cadetes xogaba un pouco por banda e non tiña un papel relevante», algo que cambió por completo cuando le ajustó la posición. «En xuvenís -recuerda Alejandro- dinlle moita bola. Púxeno de mediocentro e pasou a xogar aí os tres anos». En el primero brillaron en Liga Nacional, en el segundo ascendieron y en el tercero quedaron quintos en División de Honor, con Santi «como pivote defensivo con liberdade. Iniciaba o xogo e tiña a opción de ir arriba porque tiña boa chegada e gol. Técnica e tacticamente era moi intelixente, lía moi ben o xogo».

Para entonces el hoy vallecano ya no era un desconocido y Alejandro Villar le recomendó al Celta, con quien tiene buena relación, que se hiciera con sus servicios, pero finalmente acabó en el Coruxo.

En O Vao a Rafa Sáez no le tembló el pulso en darle la alternativa en Segunda B pese a sus 19 años, incluso lo hizo en la posición tradicional de Jonathan Antúnez, el entonces estandarte de los verdes. «Era unha aposta arriscada, pero as sensacións diarias eran tan fortes... O mérito foi do rapaz», dice un Sáez que describe a Santi como un jugador «con moita personalidade, con moita cabeza e moito carácter que medraba día a día», recitando casi de memoria sus bondades: descaro, disponibilidad a asumir errores, técnicamente bien dotado «e a pesar da súa estatura moi dinámico e coordenado». Por eso acabó jugando 37 partidos. En Coruxo además descubrió su vena goleadora con ocho tantos.

Entonces apareció el Rayo en escena y en el verano del 2016 se lo llevó a Madrid, ya para el primer equipo, entonces en Segunda División. Comenzar su periplo en el fútbol de plata fue un aliado más de su progresión «porque lle permitiu chegar a Primeira nas mellores condicións», precisa el que fuera su técnico en O Vao.

Y en su asalto a la élite se ha convertido en un fijo para Míchel, primero como media punta y ahora en el pivote defensivo. «En catro anos pasou de xogar en xuvenís nun equipo como o Val Miñor a facelo en Primeira -dice Rafa-, está progresando dando sempre pasos moi firmes». Villar también lo ve «consolidándose», aunque advierte que la forma de juego vallecana no le permiten desplegar todo su juego. «As características do Rayo igual non lle axudan porque está moi encorsetado e pendente de defender. Ten moito potencial e pode dar pasos cara adiante».

Ninguno de sus mentores tiene dudas de que el éxito le espera. En el Val Miñor lo vieron desde el primer día. «Non me quero poñer ningunha medalla pero lembro de ter conversacións con el e dicirlle que entrenara duro. Era o mellor xuvenil que adestrei na miña vida». Una apuesta segura convertida en faro de Rayo y en una amenaza para un Celta convertido en rival directo.

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