Caballero y Mouriño, irreconciliables

Las objeciones del Concello de Vigo a la ciudad deportiva del Celta, la clave de una guerra que comenzó dos años atrás


Vigo

Carlos Mouriño y Abel Caballero, presidente del Celta y alcalde de Vigo, llevan dos años enfrascados en una guerra que comenzó con las diferencias en las obras de reforma de Balaídos y que alcanzó su punto máximo esta semana cuando el club de fútbol amenazó con no abrir los dos fondos por motivos de seguridad aludiendo al Marisquiño, el último suceso grave colectivo que tuvo lugar en la ciudad. De por medio queda la frágil tregua de Los Escudos y la razón esencial de las últimas batallas: las objeciones del Concello de Vigo a la modificación puntual del PXOM de Mos que debería avalar la implantación de la ciudad deportiva del Celta en el municipio limítrofe.

¿Cuándo comenzaron las diferencias?

En la reforma de Balaídos ante lo que el Celta consideraba reiterados retrasos e incumplimientos por parte del Concello. En plena espiral, en otoño del 2016 Carlos Mouriño, que para entonces tenía una oferta de un grupo inversor chino para vender el 66 % del club por valor de 93 millones, lanzó un órdago pidiendo a la institución municipal que le vendiera el estadio, lo que chocó de frente con la negativa de Abel Caballero, que le recordó que el campo era un bien inalienable (no pueden cambiar de titularidad), imprescriptible (no pueden adquirirse con el paso del tiempo) e inembargable, pero recordando que el Celta lo tenía a su entera disposición. Días después, en diciembre, el presidente del club amenazó por primera vez con construir un estadio fuera de Vigo y acto seguido comenzó una campaña por toda la ciudad dando a conocer su proyecto y sus intenciones en donde puso al descubierto todas sus diferencias con el alcalde de Vigo.

¿Cuándo amenazó con abandonar el término municipal de Vigo?

En enero del 2017, y mediante un documento notarial, Carlos Mouriño decidió rechazar la oferta del grupo chino para seguir al frente del Celta. En ese momento ya había manifestado su intención de llevarse al equipo del término municipal y negociaba terrenos con Mos mientras Abel Caballero repetía de un modo machacón que Balaídos no estaba en venta y que las obras de reforma seguían adelante (para entonces la grada de Tribuna ya estaba reformada y los trabajos se sucedían en Río).

¿Por qué se llegó al pacto de Los Escudos?

Fue el único acercamiento entre Mouriño y Caballero en estos dos años. Aunque en un primer momento el presidente descartó la opción de los 50 años de cesión que le proponía el Concello, una tercera vía con más concesiones, la posibilidad de finalizar el estadio de acuerdo con la idea del club y la disposición de los bajos comerciales, la entidad accedió a firmar un nuevo convenio que tendría validez por medio siglo y que le costaría al club algo más de 800.000 euros anuales.

¿Cuál fue el detonante para la ruptura definitiva?

Las objeciones del Concello de Vigo a la reforma puntual del PXOM de Mos para dar encaje legal a la ciudad deportiva del conjunto celeste argumentando que tendría un coste de nueve millones de euros sin retorno para la ciudad y que dañaría al comercio vigués al contemplar el proyecto un gran centro comercial. Mouriño lo tomó como una afrenta y tras decir públicamente el ya célebre «alcalde, no me sometes» anunció que el convenio de Balaídos quedaba interrumpido y amenazó con llevarlo al juzgado. Más tarde llegó el episodio de no compartir ubicación en el palco, dejando un asiento vacío entre el alcalde y el presidente del Celta.

¿Por qué se alude al Marisquiño a la hora de hablar de seguridad en Balaídos?

Es el último episodio de la guerra hasta el momento. Los aficionados denunciaron en las redes sociales el estado de los dos fondos y la caída de algún cascote y el Celta amenazó al Concello con cerrar ambos graderíos por motivos de seguridad aludiendo a la situación vivida en el último Marisquiño. Finalmente el Concello le envió un informe que por el momento calma la relación y permitirá que todo el estadio esté abierto para el partido del lunes. Un oasis en medio de una tormenta que continuará.

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